I.E.S. ALONSO CANO (DÚRCAL)
VIAJE DE ESTUDIOS

EGIPTO 2009


Presentación
Luxor
Edfú - Kom Ombo
Asuán - Abú Simbel El Cairo


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Jueves, 25 de junio:Abú Simbel - Asuán


    Nos llaman a las 2:15. Pasamos al bar, donde sirven café o té y nos entregan la caja pic-nic que tomaremos en el bus cuando esté amaneciendo. A las 3 h. salimos, atravesando el vestíbulo de varios barcos alineados en paralelo y subimos al bus que nos espera. La gente se duerme inmediatamente. El bus circula por las calles desiertas de Aswan hasta llegar a unas extensas y destartaladas instalaciones militares. Son continuos los puestos de control que hay que atravesar, aunque sin detenerse apenas. Finalmente estacionamos. Apartando las cortinillas puede verse el continuo movimiento de vehículos (taxis, furgonetas, autobuses) que se van alineando siguiendo las instrucciones de la policía. Pasan vehículos militares que se colocarán en su posición en el convoy. Al cabo de una hora el convoy parte, abandona los extrarradios de Awan y se interna en la larga y recta carretera que atraviesa el desierto en dirección a Abu simbel, distante 260 km. A medida que pasa el tiempo el convoy se estira  parece deshacerse, pues hay mucha distancia entre un vehículo y otro. Al final los pocos que permanecíamos despiertos nos dormimos también. El aire acondicionado del bus funciona a tope. La temperatura interior es de 13 grados y hay que taparse con lo que se pueda para no pasar frío.

    A las 6 h. empieza a despuntar el día y el sol va iluminando el vasto desierto. Poco a poco el grupo despierta y se despereza. Abrimos las cajas del pic-nic, que contienen un zumo, un plátano y un par de medianoches. Desayunamos en el bus. Empiezan a aparecer pequeños núcleos de población, surgidos a raíz del aprovechamiento del agua de la presa para regadíos. Finalmente, a las 7 en punto el bus nos deja en el amplio aparcamiento.

    Nos dirigimos a la taquilla, pasando delante de los numerosos puestos de venta que están empezando a abrir. Algunos aprovechan para ir a los servicios, de pago, pero limpios y  bien cuidados.

    En la taquilla volvemos a encontrarnos con la negativa a aceptar el carné de estudiante. Las negociaciones de los guías duran unos diez minutos. Finalmente aceptan la lista con el saluda del director, acompañada de una buena propina. Cruzamos los arcos de seguridad y enfilamos el camino que rodea la colina artificial. Al llegar a la explanada nos encontramos con el templo de Ramsés II y el templo de Nefertari, uno de los conjuntos monumentales más extraordinarios del mundo.

    Los templos de Abú Simbel:


    La baja Nubia es el territorio que se extiende entre la primera y la segunda catarata del Nilo, es decir, entre Asuán y la frontera con Sudán. Este tramo del río subió de nivel con la construcción de la Gran presa, dando lugar al lago Nasser. A medida que subían las aguas se comprometía la existencia de los templos construidos a sus orillas. Esto llevó a la UNESCO en 1960 a lanzar un dramático llamamiento a la comunidad internacional para salvar ese riquísimo patrimonio que se vería sumergido. 14 templos fueron desmontados y reubicados en zonas cercanas pero a salvo de las aguas. Egipto agradeció la ayuda a los países más implicados mediante el regalo de cuatro templos a Italia, Holanda, España (templo de Debod) y Estados Unidos.

    Los dos templos de Abú Simbel fueron desmontados en enormes bloques y reconstruidos a 200 metros de distancia del emplazamiento original, 64 metros más altos. Se construyó una enorme bóveda de cemento con revestimiento rocoso para acercarse lo más posible al aspecto originario y se conservó fielmente la orientación. Fue una empresa titánica en la que trabajaron 900 personas durante 6 años.

    Gadafi y Aimán nos cuentan el porqué de la construcción de los templos en la remota Nubia, tan alejada de la capital, y describen las fachadas. Como en el interior de los templos no está permitido el trabajo de los guías, éstos nos explican lo que vamos a encontrar dentro sirviéndose de unas láminas. Nos recomiendan empezar la visita por el templo pequeño y nos citan para las 8:50.




    El templo pequeño está dedicado a la diosa Hator y a la reina Nefertari, la esposa favorita de Ramsés II. La fachada presenta seis hornacinas rectangulares que alojan estatuas colosales de 10 metros de altura, cuatro de Ramsés II y dos de Nefertari, con los atributos de Hator. Entre las piernas del rey, están tallados los príncipes, sus hijos, y entre las piernas de la reina, las princesas. La puerta da paso a la pronaos, cuyo techo sostienen dos hileras de tres pilastras hatóricas. Los relieves de las paredes están sabiamente iluminados. A continuación hay un vestíbulo con dos cámaras en sus extremos y, por fin, el pequeño santuario, donde la diosa Hator está representada saliendo de la roca.

    Nos dirigimos al gran templo que, casi totalmente cubierto de arena, fue descubierto en 1813. Su portada es una de las imágenes que identifican a Egipto. Las cuatro gigantescas estatuas sedentes de Ramsés II (una perdió la cabeza y el pecho, que yacen en el suelo) miden 20 metros. Sobre la puerta, en un nicho, está esculpido en altorrelieve Ra, con cabeza de gavilán.

    Es difícil explicar la profunda impresión que esta fachada produce en el viajero. Afortunadamente, a pesar del calor (y son las 8 de la mañana), contamos con la ventaja de viajar en temporada baja. Quienes viajan en invierno deben soportar larguísimas colas para entrar. Nosotros podemos entrar directamente y no encontramos dentro demasiada aglomeración de gente. Pasamos a la imponente pronaos, cuyo techo, decorado con buitres y textos reales, está sostenido por ocho pilares osiríacos sobre los que se apoyan colosos de 10 metros que representan a Osiris con los rasgos de Ramsés II. Resulta curioso observar los graffitis de la parte alta de estos pilares, incisos por los primeros viajeros, cuando la arena cubría la mitad inferior de los colosos. La decoración de las paredes muestra escenas de ofrendas o de guerra, como la pared derecha según se entra, con los célebres relieves de la batalla de Qadesh contra los hititas. Del vestíbulo salen ocho salas alargadas y sin terminar, cinco a la derecha y tres a la izquierda. Pasamos al vestíbulo, cuyas paredes muestran escenas litúrgicas y de ofrendas. Tres puertas comunican con la sala de ofrendas, de igual anchura pero poca profundidad. Por último otras tres puertas llevan a la parte más reservada del templo: en el centro, el santuario. A cada lado, una capilla. Al fondo del santuario, sobre un escaño, talladas en la roca, vemos la representación de cuatro divinidades: Ptah, Amón-Ra, Ramsés divinizado y Ra. Al amanecer de cada equinoccio, los días 21 de marzo y 23 de septiembre, los rayos del sol entraban por la puerta del templo, atravesaban la sala hipóstila, el vestíbulo y la sala de ofrendas hasta iluminar las estatuas del santuario, pero no todas. La de la izquierda, la de Path, divinidad vinculada al inframundo , el mundo de los muertos, permanece en la sombra. Los trabajos de traslado del templo cuidaron su orientación para que este fenómeno se mantuviera. Por una ligerísima desviación el sol entra a iluminar las tres estatuas con un día de retraso.
Salimos y seguimos haciendo fotos. A la hora prevista, las 9, el convoy se reorganiza en la explanada polvorienta del aparcamiento y se pone en marcha para recorrer los casi trescientos quilómetros hasta Asuán. Ahora sí que podemos contemplar la vastedad y el rigor del desierto que atravesamos. El aire acondicionado del bus que nos trajo ateridos durante la noche no se basta ahora.







    Poco antes de las 12 llegamos a la Gran Presa de Asuán, que produce casi toda la electricidad que consume Egipto y posibilita el regadío de nuevas zonas de cultivo. Esta obra faraónica ha acabado con las crecidas anuales del Nilo. El guía nos explica las ventajas e inconvenientes de la nueva situación. La presa, cuyos trabajos ocuparon hasta 1964 a 35.000 obreros, está situada a 8 Km de la Presa Antigua. Tiene 3.600 m de longitud y una altura de 111. Como consecuencia de la presa se formó el lago Naser, que se extiende 500 Km hacia el sur (150 de ellos ya en Sudán).

    A las 12:45 estamos en el barco. El almuerzo es a las 13. Quedamos citados en recepción para las 14:30, para visitar los templos de Philae (o Filé).

    Salimos con 15 minutos de retraso porque dos alumnos se han quedado dormidos, haciéndose acreedores a la correspondiente multa.

    Cuando a finales del siglo XIX se construyó el dique que pasaría a llamarse Dique Viejo cuando sesenta años después se hizo la Gran Presa, las aguas del Nilo subieron y sumergieron en parte los templos de la isla de Filé. Tan sólo en agosto y septiembre, cuando se desembalsaba el agua, era posible visitarlos. El agua y sus fluctuaciones iban minando y erosionando paulatinamente los monumentos. Pero cuando en la década de 1960 la Gran Presa amenazaba con cubrirlos para siempre, tras muchos estudios previos, se tomó la decisión de trasladarlos, con la ayuda de la UNESCO, al islote de Agilkia, situado a 500 m de Filé, pero con mayor altura. De 1972 a 1980 se desmontaron los templos piedra a piedra y fueron montados en el nuevo emplazamiento, previamente acondicionado para recrear las condiciones originales.

    Los templos de Filé:


    Los templos de Filé alcanzaron su esplendor en época relativamente reciente, el siglo primero de nuestra era, durante la dominación romana.
Cruzamos la ciudad de Asuán, por largas avenidas cuyos edificios aparecen repletos de antenas parabólicas. Pasamos junto a un gran cementerio y a las 14:50 llegamos a un puesto de control con garita y barra. La pequeña carretera lleva directamente al embarcadero, que está precedido de una explanada atestada de tiendas de recuerdos. Aquí los vendedores, muchos de ellos niños, son verdaderamente insistentes. Los guías contratan una vetustísima barcaza que nos va a acercar hasta la isla. Es un trayecto breve pero muy hermoso. Mantenemos a nuestra derecha el Dique Viejo y nos cruzamos con otras embarcaciones que regresan con excursionistas. A medida que nos acercamos, los templos se insinúan sobresaliendo de la única vegetación de aquellos parajes rocosos, nos ofrecen distintas perspectivas, para enseguida aparecer en todo su esplendor el flanco occidental, que hemos de rodear para llegar al embarcadero flotante, situado al sur. Son las 15:15 h. En la taquilla han aceptado sin problemas nuestros carnés de estudiante. Seguimos a los guías y pasamos entre los restos del pabellón de Nectabeo I y del templo de Arensnuphis hacia el dromos, buscando rápidamente la sombra que ofrece el pórtico oeste, formado por 31 columnas de capiteles mixtos.

    Aunque la temperatura no es excesiva, el sol quema. El guía aprovecha para explicarnos la decoración del primer pilón (fachada monumental) del Templo de Isis, de 45 m de largo y 18 m de alto, con escena de matanza de prisioneros a cargo del rey Ptolomeo XII Neo Dioniso y representación de Isis, Horus y Hator. Algunas divinidades aparecen martilladas. La puerta izquierda comunica con el mammisi. Nosotros cruzamos la puerta central para entrar en el patio. Nos refugiamos ahora a la sombra del mammisi mientras el guía explica la segunda fachada del templo de Isis, que tiene incrustada en la base derecha una enorme estela de granito. El templo principal de File está dedicado a la diosa Isis. Isis es la esposa de Osiris. Es ella la que, una vez Osiris muerto por obra de su malvado hermano, el dios Seth, recupera su cuerpo y lo hace revivir lo suficiente como para engendrar con el medio difunto Osiris al hijo común de ambos, Horus. Al ser la madre de Horus, dios halcón que protege al Faraón, Isis es la madre simbólica del Faraón. Es la reina de la magia, pues con ella hizo revivir a Osiris, y su culto se extendió por todo el Imperio como parte de los cultos mistéricos, que tanto gustaban a griegos y romanos de inicios de nuestra era. Entramos en la sala hipóstila, de diez columnas. Puede observarse el signo de la cruz en algunas columnas y en un altar lateral. El templo de Isis  fue convertido en templo cristiano a mediados del siglo VI. Pasamos luego a la naos, que comienza con la sala de las ofrendas sigue con el santuario. Salimos y bordeamos el mammisi por la parte que da al río. Es un edificio períptero (columnas en todo su perímetro) muy bello, donde se veneraba a Isis Anciana, madre de Hator. Nos dirigimos por último al pabellón de Trajano, una elegantísima construcción formada por 14 columnas de capitel campaniforme unidas por un muro que hace de intercolumnio. Allí, al reparo del sol, se sientan los alumnos a escuchar las explicaciones de los guías. Luego descansan en la terraza inmediata, que da al río. A las 16:15 subimos de nuevo a la motonave y, al desembarcar, se produce de nuevo el asalto de los vendedores. Justo es decir que se trata de recuerdos que no suelen sobrepasar el euro. Nos aprovisionamos de botellas de agua helada, de instrumentos musicales, colgantes, llaveros, etc.





    Con los cuerpos ya muy castigados los guías nos llevan a una gran tienda de venta de papiros. Primeramente una chica explica qué tipo de planta es el papiro y corta algunos trozos en delgadas láminas fibrosas y los prensa para reproducir el proceso de elaboración de este material tan empleado en la Antigüedad. Advierten que todo lo que ofrecen a los turistas los vendedores ambulantes son burdas imitaciones hechas con fibra de remolacha y pinturas que pueden resultar tóxicas. Luego nos hacen un recorrido por el catálogo. En general se trata de productos caros para la capacidad adquisitiva de nuestros alumnos, aunque algunos adquieren papiros de pequeño tamaño más asequibles. Todos los demás aguardan sentados en las escaleras, abanicándose, el final de la visita.

    Por fin llegamos al barco a las 17:30. Damos hora y media para descansar y ducharse. A las 19 h. en punto, vestidos todos con las camisetas blancas hechas para la ocasión, salimos del barco siguiendo a los guías, que han contratado un paseo en calesa para todo el grupo. Nos vamos acomodando en la larga fila de calesas, muy desvencijadas ya, y a una señal partimos en fila india para recorrer algunos barrios de Asuán. El paseo dura casi una hora y es una oportunidad magnífica para contemplar la realidad de los barrios de la ciudad, la vida cotidiana, el juego de los niños en las calles, la variedad de oficios ya perdidos en España (como los herreros en sus fraguas), las tiendas inverosímiles, la animación de los cafetines. Los niños saludan siempre sonrientes al paso de las calesas. Son barrios miserables, pero la gente sonríe al paso de los turistas. Nuestro calesero se detiene para comprar forraje, que echa en el pescante. La yegua lleva a su lado un potrillo. Está anocheciendo. Suena en los minaretes la llamada a la oración. En las aceras algunos extienden alfombrillas para los rezos. Nos detenemos ante una espléndida mezquita, ahora iluminada. Por último recalamos en una plaza donde los guías han reservado para nosotros la terraza de un café. Se sienta todo el grupo. Nos sirven cocacolas o té. Sacan también algunas cachimbas para fumar shisha. Se acercan algunos niños vendiendo serpientes y cocodrilos de madera y pulseras. Pasamos un rato muy relajado hasta que montamos de nuevo en las calesas y éstas nos llevan hasta el Princesa Amira. Son las 21 h. y pasamos directamente al comedor para cenar. Hoy el que quiera podrá dormir algunas horas más. Nos llamarán a las 7 de la mañana.






Viernes, 26 de junio:Asuán - El Cairo


    Visita al poblado nubio:

    Desayunamos a las 7:30. A las 8 subimos en una faluca que nos espera amarrada junto al Princesa Amira. Dos alumnos se han quedado dormidos y hay que volver al barco a despertarlos. Sorprende el tamaño de las falucas, embarcaciones de vela, que transportan a personas y mercancías por el Nilo. A nuestro grupo se han unido otros cuantos turistas que también se alojan en el Princesa Amira. Los cuatro tripulantes de la faluca desamarran la nave e izan la vela. Mientras uno atiende al timón, los otros sacan las baratijas, las botellas de agua, las panderetas y los bongos. Enseguida se ponen a cantar y nos animan a repetir el estribillo. Al poco tiempo aparece a babor una barquita de juguete de apenas dos metros, con dos niños que se aferran a la borda para dejarse llevar mientras entonan algunos fragmentos de grandes éxitos españoles, como Macarena.



    En la margen izquierda del Nilo se divisan las tumbas de los príncipes de Elefantina, unos cuarenta hipogeos situados en una colina. Pasamos entre la isla Elefantina y la isla de los Árboles (isla Kitchener), convertida en jardín botánico. Se nos acerca una motonave y hacemos transbordo, pues la faluca no es apta para el tramo de río cercano al poblado. El barquito lleva un techo metálico al que se puede subir con una escalera. Algunos barcos llevan arriba algunos sillones de mimbre. Algunos de los alumnos suben. Divisamos el mausoleo en piedra rosa del tercer Agha Kahn, Mohammed Shah (1877-1957). El título de Agha Khan se le da al imán de la secta musulmana de los ismaelíes, chiíta. Otra pareja de niños que acechaba con su barquita tras unos cañaverales se agarra al costado del barco y comienza la retahíla de canciones españolas. Unos minutos después es un muchacho a nado el que se aferra al barco. Ahora recorremos estrechos y zigzagueantes brazos del río, cubiertos de espesa vegetación. A la salida de una curva vemos el poblado. El barco se dirige al pie de una alta duna en la que esperan al turista, depositados en la arena, cientos de objetos de recuerdo y artesanía. En cuanto el barco llega a la orilla, los guías nos dicen que es posible bañarse en esta parte del río. El agua está, en efecto, muy limpia Los alumnos se suben al techo del barco y se lanzan al agua desde allí.



    Al rato nos encaminamos hacia los camellos, que nos esperan echados a cien metros del barco. Cada camello cargará con uno o dos alumnos. La operación de alzarse, como al final la de arrodillarse, es la más delicada para el que se sube por primera vez a una de estas monturas. Iniciamos la marcha hacia el poblado por una estrecha franja entre la orilla del río y la duna. Nos cruzamos con algunos camellos al trote, montados por niños. Entramos en el poblado nubio. A uno y otro lado se suceden los puestos de artesanía y recuerdos para los turistas. Las fachadas de muchas casas están pintadas con colores luminosos. Entramos en la escuela, una edificación que se organiza alrededor de un patio de arena, con un escenario. Nos llevan a una habitación para darnos una clase de árabe, pero el calor es tan intenso que deciden trasladarnos a un espacio más grande y abierto, preparado también como aula. Los alumnos ocupan los bancos y el maestro empieza a escribir en la pizarra los números, al tiempo que los pronuncia y pide a los alumnos que repitan. Luego es nuestro guía Gadafi el que coge la tiza y continúa la lección. Los alumnos aprovechan para pedirle que escriba en árabe lo que se les va ocurriendo.




baño
camellos
clase

    Acabada la simpática clase nos llevan a visitar una supuesta vivienda típica. Se accede a un gran patio cubierto de cañizo y al que se abren las distintas habitaciones, cuyas puertas están abiertas para que los visitantes vean cómo están amuebladas. Sacan unos refrescos y unas bandejas con unas cositas para comer. También encienden varios narguiles. La atracción es un pequeño cocodrilo, de poco más de medio metro y con lacocodrilo boca inmovilizada. Los alumnos se lo van pasando de mano en mano al tiempo que sacan la foto correspondiente. En otro lugar del patio, bien protegido, hay otro cocodrilo de mayor tamaño. En un momento dado aparece alguien con unos bongos y empieza el baile. Unas niñas nubias forman parejas con los visitantes y durante un buen rato todos bailan y se divierten. Algunas mujeres hacen bailetatuajes de henna que durarán unos días. Acabada la visita nos dirigimos al embarcadero, donde los barcos aguardan a los turistas. Durante el regreso pasamos junto a la isla Elefantina. Nos explican que el nombre derivaría de la forma de algunas rocas que recuerdan vagamente a este animal. También fotografiamos el célebre hotel Old Cataract, actualmente cerrado por reformas.


    Llegamos al Princesa Amira a las 12:10. Es el momento de pagar en recepción las consumiciones del bar y recoger los pasaportes. A las 12:30 almorzamos. A las 13:10 los maleteros empiezan a retirar el equipaje y a reunirlo cerca de la recepción. Hasta las 16:30 no saldremos para el aeropuerto. Aprovechamos para subir al bar. Han apagado o se ha averiado el aire acondicionado y hace mucho calor. La persona que durante nuestra estancia en el barco ha ido grabando las excursiones y el baile de la chilaba aprovecha para editar el vídeo. Por 18 € nos da una copia en DVD de las actividades de nuestro grupo, más otro disco con un documental sobre Egipto.