cenefa

Página principal

principal


  1. LA ORATORIA Y LA RETÓRICA (Cicerón y Quintiliano)

LA ORATORIA Y LA RETÓRICA (Cicerón y Quintiliano)




INTRODUCCIÓN


    En la acción política y jurídica, ante una asamblea o ante un tribunal, ha sido siempre de suma importancia el arte de la oratoria, de la elocuencia, concebida como el arte de hablar bien, con corrección (ars bene dicendi), y, sobre todo, de manera persuasiva y convincente. La retórica es, por  otra parte, el arte teórico del discurso, del hablar para persuadir, la oratoria reducida a un sistema susceptible de ser enseñado.

    Hacia el s. V  a. C., tras la abolición de las tiranías, en las ciudades estado de Grecia y de la Italia del Sur, se dieron las condiciones políticas para el desarrollo de la oratoria y, por consiguiente, de la retórica. El nacimiento de la retórica griega es inseparable del de la sofística, escuela filosófica para la que el arte de la persuasión era un aspecto fundamental de una enseñanza completa. Los sofistas (Protágoras, Gorgias, etc.) introducen recursos literarios en los discursos e insisten en la elaboración artística de éstos con la intención expresa de influir en el auditorio y hacerle simpatizar con las ideas del orador.
    Platón se opuso a los sofistas por demagógicos,  pues buscaban persuadir al margen de la verdad, lo bueno y lo justo. Aristóteles en cambio no comparte esta opinión. Para él la retórica es útil porque proporciona medios de persuasión generales aplicables a todas las materias y ayuda a tomar decisiones en casos dudosos.


LA ORATORIA ROMANA REPUBLICANA


    Precedentes: La Roma primitiva era, por su sistema judicial y político, basado en asambleas, terreno apto para valorar la importancia de la oratoria; se añadía a ello la vieja costumbre romana de la laudatio funebris, elogio de las virtudes y hazañas de un personaje tras su muerte, En este panorama, la oratoria era un medio de hacer prevalecer la propia opinión ante los tribunales o ante las asambleas. De ahí al hecho puramente literario de la publicación de los discursos sólo había un paso. Apio Claudio el Ciego (s. IV-III a. C.) es el primero del que tenemos noticia que publicara un discurso.
    La oratoria en el s. II a. C.: Catón el Censor acostumbró a publicar sus discursos. Ya vimos que Catón representó la postura enfrentada al helenismo. Impresionado por la superioridad cultural griega, pretendió enfrentarse a ella en su propio terreno. En el campo de la retórica, ataca el alarde técnico a que había llegado la retórica helenística, muchas veces vacío de contenido o, a los ojos de Catón, inmoral y peligroso por cuanto podía ser utilizada como instrumento demagógico. Para hacer frente a esto, propugnaba dominar la materia sobre la que se iba a hablar (rem tene, verba sequentur). Así pues, como en otros aspectos de la prosa latina, Catón es el precursor del arte retórica (teoría oratoria) en Roma.
    Pero otros oradores de este siglo beberán de las fuentes griegas. Además la retórica pasará a formar parte de la educación superior de las clases altas de Roma. La influencia griega se deja sentir en los contemporáneos de Catón. En la generación siguiente, los Graco, plenamente impregnados del helenismo, utilizaron la oratoria para cambiar la forma de gobierno. Con los hermanos Graco empezó una corriente retórica afín al partido de los populares que sustituyó la terminología y los ejemplos griegos por otros latinos. Esto fue obra de los rhetores latini de quienes existe un manual de retórica, Rhetorica ad Herennium (87-82 a. C.), durante mucho tiempo atribuido a Cicerón.



CICERÓN (106- 46 a.C.)


    Marco Tulio Cicerón es uno de los personajes claves del s. I a. C., por su participación en la vida pública, recorriendo todos los escalafones del poder, y por su importancia en la vida cultural del momento.
    Cicerón es la oratoria romana. Además de los discursos más perfectos, Cicerón nos ha dejado las mejores obras sobre oratoria, sus fundamentos teóricos y la mayor parte de las noticias sobre oradores que le precedieron;  ha sabido enseñar como nadie cómo se forma un orador y cómo se compone un discurso; teoría y práctica se funden en él de manera admirable. Su influencia fue inmensa.
    a) Obras retóricas: Brutus, De oratore y Orator.
    El Brutus fue escrito a la muerte de su máximo rival, el orador Hortensio; es una obra dialogada entre Cicerón, su amigo Ático y el más joven Bruto. En esta obra hace una especie de historia de la elocuencia romana gracias a la que conservamos noticias de anteriores oradores.
     En el Brutus y también en el Orator habla sobre el estilo adecuado a la oratoria. En el s. I a. C. había tres escuelas que llenaban el panorama de la oratoria romana: aticista, de estilo sobrio y mesurado; la asiana, llena de artificios estilísticos, que seguía a las escuelas del Asia Menor y que había practicado Hortensio; y la rodia, que pretendía el equilibrio entre las otras dos y seguía las enseñanzas de la escuela de Rodas. Cicerón propone un estilo intermedio, que exigía del orador el dominio de los tres estilos. En el De Oratore, expone que el orador, además de poseer cualidades naturales, ha de ser versado en filosofía, derecho, historia, y ha de tener sobre todo sentido común.
    b) Discursos:
    Pueden clasificarse en judiciales y políticos según fueran pronunciados ante un tribunal o bien ante el senado o el pueblo.
    Entre los discursos políticos  destacan las 4 Catilinarias del año 63 a. C. pronunciados ante el Senado contra L. Catilina y otros conjurados, que intentaba acceder al consulado mediante un golpe de fuerza. Cicerón consiguió con estos discursos una gloria apoteósica y el apelativo de «padre de la patria».
     Tras el asesinato de César, Cicerón, ardiente republicano, creyó erróneamente que era posible la plena restauración de la república, sinónimo, en Roma, de libertad..Y vuelve a la escena política pronunciando sus Filípicas contra Marco Antonio, que había recogido la herencia de César. Esto le costó la vida a manos de los sicarios de aquél, que, tras darle muerte, clavaron su cabeza en una pica y la pasearon por el foro. Los catorce discursos fueron llamados Filípicas  en homenaje a los pronunciados por Demóstenes contra Filipo de Macedonia, el padre de Alejandro Magno. Son para muchos las mejores piezas oratorias de Cicerón.
    De los discursos judiciales, son famosas las Verrinas, pronunciadas contra Verres, a quien defendió Hortensio, y que fue el espaldarazo definitivo a la carrera de Cicerón.
    Además son numerosísimos los discursos judiciales pero relacionados con la política del momento defendiendo a personajes públicos o a otros que habían sido pompeyanos durante la guerra civil (como le ocurrió al propio Cicerón), y en ellos apela a la clemencia de Julio César, ya en el poder.
    Como orador aprovecha todos los recursos para conseguir sus propósitos, agradar, conmover y convencer. Sabe ser patético, o bien irónico rayando en el sarcasmo e ingenioso otras veces. En sus discursos de juventud se deja notar un gusto por el estilo ampuloso, pero conforme pasan los años va ganando en sobriedad, combatiendo el asianismo en los tratados de Retórica escritos en los últimos años.
    Como literato, sus discursos tienen un valor literario insuperable; sirvieron de modelo principal a las escuelas de Retórica que proliferaron en el siglo siguiente y han formado a humanistas de todas las épocas.
    

LA ORATORIA DE ÉPOCA IMPERIAL: QUINTILIANO


    Desde la época de Augusto, la supresión progresiva de las libertades políticas, como consecuencia de la asunción del poder absoluto por parte de los emperadores, produjo la decadencia de la oratoria, que se alimentaba de los debates del foro y de las rivalidades políticas. En estas condiciones, los magistrados y funcionarios imperiales que precisaban de una buena formación retórica para el ejercicio de sus funciones, practicaban la elocuencia en sesiones privadas llevadas a cabo en salas de recitación, donde se pronunciaban brillantes conferencias o declamationes sobre temas casi siempre ficticios. Estos ejercicios retóricos eran fundamentalmente de dos tipos: controversiae y suasoriae. Con ellos se pretendía que el declamador estuviera preparado para hablar in utramque partem, es decir, desempeñar con la misma habilidad el papel de acusador o defensor en un mismo caso.

QUINTILIANO (35-95 d. C.)


    Al desaparecer la libertad política la oratoria desaparece de la vida pública, se retira a las escuelas de retórica y se convierte en un ejercicio cada vez más artificioso. La única elocuencia pública son los panegíricos a los emperadores.
    A finales del s. I d. C. Marco Fabio Quintiliano en su tratado de retórica Institutio Oratoria vuelve al modelo clásico ciceroniano y se preocupa de la formación del orador. Para él la causa de la degeneración de la oratoria es el abandono de los clásicos, sobre todo de Cicerón. En esta misma época, Tácito, en su Dialogus de Oratoribus se plantea las causas de la decadencia de la oratoria y concluye que la principal es la falta de libertad, pues sin ésta el arte de la elocuencia no puede sobrevivir.
    Quintiliano era de Calagurris (Calahorra). Se educó en Roma, volvió a Hispania y de nuevo fue llamado por el emperador Galba. Ejerció la enseñanza y la abogacía. Fue protegido de los Flavios: Vespasiano lo puso al frente de una cátedra de oratoria latina y Domiciano lo nombró cónsul y le encargó la educación de sus herederos.
    Recogió sus experiencias en la enseñanza y el ejercicio de la profesión en XII libros De institutione oratoria, el tratado de retórica más completo de toda la antigüedad. No sólo se preocupa de la técnica oratoria, sino de la formación del orador desde que nace, con un programa completo de instrucción y educación desde la misma cuna hasta la cumbre de su carrera. Como Catón, no separa la elocuencia de la moral. Un buen orador tiene que ser un hombre honesto. La corrupción de las costumbres es una de las causas de la decadencia de la oratoria.  Otra sería el abandono de los clásicos, sobre todo de Cicerón. También se le atribuye una colección de ejercicios escolares de retórica que se han transmitido con el nombre de Declamationes.
    La figura y la obra de Quintiliano deben contemplarse dentro del marco del renacimiento Flavio. Tras la caída de Nerón y el advenimiento de la gens Flavia a la púrpura imperial, su primer emperador, Vespasiano, emprende una ingente tarea de reconstrucción en todos los órdenes, que en literatura se transluce en un neoclasicismo (el modelo ideal de Quintiliano será Cicerón).
    De institutione oratoria es una obra importante, no sólo para la Retórica, sino para la educación en general, pues según Quintiliano la formación retórica sólo puede realizarse dentro de una previa formación integral del individuo. Además, hombre enamorado de la oratoria y con gran vocación para la enseñanza, es precursor de modernas teorías pedagógicas. En este sentido, la parte más valiosa de su obra son, probablemente los dos primeros libros, en los que demuestra un magnífico conocimiento del niño al que el maestro debe inculcar los principios que han de regir el posterior desarrollo de su personalidad.

Página principal

principal

inicio