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  1. LA HISTORIOGRAFÍA (CÉSAR, SALUSTIO, LIVIO, TÁCITO)
    1. JULIO CÉSAR (100 a. C.-44 a. C.)
    2. SALUSTIO (86-35 A. c.)
    3. TITO LIVIO (59 a. C.-17 d. C.)
    4. TÁCITO (aprox. 56- d. C.-120 d. C.)

LA HISTORIOGRAFÍA (CÉSAR, SALUSTIO, LIVIO, TÁCITO)

La más primitiva prosa latina no tiene una intencionalidad literaria, sino práctica, que se refleja en el contenido de los primeros escritos de los que se tiene noticia:
- Documentos públicos, bien religiosos o políticos. Los más antiguos catálogos de sacerdotes y magistrados romanos son citados con el nombre de Annales Pontificum por Catón y otros autores. Según la descripción de estos autores, el Pontífice Máximo acostumbraba a registrar en una tabla blanqueada (tabula dealbata), conforme a un esquema cronológico de año por año (de aquí el nombre de annales) los asuntos importantes para la comunidad: la sucesión de magistrados y sacerdotes, fenómenos naturales (eclipses, tormentas, etc.), acuerdos con otros pueblos, batallas y lo digno de recuerdo. Estos registros no pasaban de ser crónicas áridas y breves. En el 120 a. C. el pontífice Múcio Escévola reconstruyó dichos documentos deteriorados en un incendio y los publicó en 88 rollos. Muchos ven en estos annales  redactados por los sacerdotes del estado, el armazón sobre el que se iría levantando la  historia antigua de Roma.
- Documentos privados: las familias nobles tenían  sus archivos particulares, y además, las genealogías y los elogios grabados o pintados bajo las imágenes de sus antepasados, con la relación de sus proezas y de los cargos ostentados. Las oraciones fúnebres resumían la historia de cada familia.
Teniendo en cuenta los anteriores antecedentes, la historiografía romana nace a finales del s. III a. C. durante la Segunda Guerra Púnica (218-201) como arma política y propagandística contra Cartago. Estos primeros escritos históricos, más que al pueblo romano, van dirigidos a las naciones de lengua griega del Mediterráneo oriental, que simpatizaban con la causa cartaginesa, como prueba de la alianza de Anibal con Filipo V de Macedonia. Por este motivo, aunque los autores pertenecen a la aristocracia romana, escriben en griego. Estas primeras obras históricas se llamaron Annales, respetando la vieja tradición de los primitivos anales de los pontífices. Los más famosos son Fabio Pictor y Cincio Alimento, que cultivan una historiografía aristocrática, cuyos objetivos eran la afirmación nacional y la propaganda política, para ello en ocasiones crean, falsifican o elaboran la historia de Roma.
Frente a los anteriores, Catón, de origen plebeyo y campesino, es el fundador de la prosa histórica latina, ya que, frente a los anteriores, escribe en latín. Representa la tendencia nacionalista frente a la aristocracia filohelénica. En su obra los Orígenes. El protagonista es el pueblo romano y, más aún, Italia entera; es muy significativo que en toda su historia no cite el nombre de un solo general romano. Constaba de 7 libros.
De todos estos que hemos calificado de analistas hasta llegar a Tito Livio, quien los sustituyó, se distinguen otros  escritores que iniciaron nuevas formas de expresión histórica. Ellos trataron con especial interés y profundidad algún período singular del pasado; de esta manera surgen las Historiae que culminan  con Salustio. Otros exponen en forma de memorias personales los hechos en los que habían participado o estaban participando. De esta manera surgen los Commentarii que culminan con Julio César.

JULIO CÉSAR (100 a. C.-44 a. C.)

De familia aristocrática, después de recorrer con rapidez la carrera de los honores y de alcanzar el poder absoluto, fue asesinado el 15 de Marzo del 44 a..C. Personalidad inquieta, se interesó por toda clase de géneros literarios, la filosofía, la epistolografía, la gramática, la erudición, la poesía, etc.
Pero César, más que un hombre de letras, es hmbre de acción, y en función de ésta se encuentran las obras que se nos han transmitido con su nombre.
Así, con ocasión de la conquista de la Galia (58-51 a. C.), César escribe los Commentarii de bello Gallico en siete libros, de los que cada uno contiene en año de guerra.
Los Commentarii de bello civili se refieren a los sucesos relativos a los años 49-48 a. C. y terminan cuando la guerra entre César y Pompeyo ya está decidida con la muerte de este último.
Las dos obras están escritas en tercera persona y son, más que obras históricas, libros de propaganda: en el primer caso, para dar a conocer las particularidades de sus conquistas; en el segundo, para minimizar a sus adversarios y hacer una apología de sí mismo.

SALUSTIO (86-35 A. c.)

Militó en las filas del partido popular, y ávido de gloria, emprendió la carrera política en la que, con el favor de César, alcanzó varios cargos, como procónsul en Africa, donde se enriqueció y compró en Roma extensos terrenos; esta conducta privada no le impidió criticar en su obra la corrupción en el desempeño de cargos públicos, la avaricia y el lujo. Cuando César, que había sido su valedor, fue asesinado, Salustio se retiró de la vida activa y se dedicó a escribir historia.
Son obras indudablemente suyas De coniuratione Catilinae, Bellum Iughurtinum e Historiae.
En la primera se narran unos momentos dramáticos en la historia de la república romana: la intentona de Catilina para hacerse con el poder revolucionariamente tras haber sido derrotado en las elecciones del 63 a. C.; la segunda obra se refiere a la guerra que Roma sostuvo con Yugurta, rey de los númidas, desde el 111 hasta el 105 a. C.; la tercera, en cinco libros de los que nos quedan tan sólo fragmentos, relataba los hechos ocurridos desde el año 78 (muerte de Sila) al 67 a. C.
La historia hecha por Salustio es eminentemente política, o sea, ligada a sus ideas y experiencias políticas. Salustio se propone mostrar el decaimiento de las costumbres y su repercusión en la política interna (Catilina) y exterior (Yugurta). De este modo, la historia no tiene como función contar, sino, fundamentalmente, explicar y analizar los hechos.
Su estilo se caracteriza por la concisión y por los procedimientos de disimetría, por los arcaísmos, etc. En cierta medida se anticipa a Tácito.

TITO LIVIO (59 a. C.-17 d. C.)

Es conocido, fundamentalmente, por su labor histórica, pues escribió una Historia en 142 libros, titulada Ab urbe condita, que se extendía desde la fundación de Roma hasta la muerte de Druso (9 a.. C.).
De tan magna empresa sólo nos quedan 35 libros, es decir, la primera década (libros I-X), que va desde los orígenes hasta la tercera guerra samnítica; la tercera, cuarta y la mitad de la quinta décadas (libros XXI-XLV), que alcanzan hasta el 167 a. C. El resto nos es conocido tan sólo por resúmenes que nos han sido transmitidos con el nombre de Periochae.
La obra de Livio tiene como protagonista al pueblo romano, al que pretende exaltar. Su ascendencia oratoria se deja sentir en el hecho de que las tendencias artísticas prevalecen sobre las propiamente histórico-científicas. La religiosidad se deja sentir en su obra.
Insiste mucho más en los rasgos de carácter general que en las diferencias individuales de sus personajes, que son analizados, preferentemente, por sus acciones y discursos. Hay más interés por el alma colectiva de la masa que por las personalidades particulares. Podríamos definir a Tito Livio como un exaltador del pueblo romano y un historiador épico y poeta al mismo tiempo.

TÁCITO (aprox. 56- d. C.-120 d. C.)

El más grande historiador romano, Cornelio Tácito estudió elocuencia y ejerció como abogado. Se casó con la hija de Agrícola y, bajo Nerva y Trajano, accedió a las más altas magistraturas. Se le atribuye el tratado retórico Dialogus de oratoribus. Su obra histórica, iniciada a partir del año 97, la encabeza Agricola, realizada en el 98, en la que cuenta la vida y muerte de su suegro y describe a los habitantes de Gran Bretaña. El mismo año publica la Germania, obra ya más histórica o, mejor, etnográfica.
De las Historiae, en 14 libros, sólo nos quedan los cuatro primeros y parte del quinto, que abarcan los años 69-70 d. C. Finalmente, de los Annales, en 16 libros, sólo han sobrevivido los 6 primeros relativos a Tiberio, aunque en el primero se dé una breve síntesis de Augusto, y los seis últimos que corresponden a los reinados de Claudio y Nerón.
De Tácito se ha podido decir que es un historiador fundamentalmente pesimista, trágico y psicológico. En él se encuentra una concepción fatalista de la historia, una preocupación, igual que en Salustio, por la búsqueda de la verdad, entendida como investigación de las causas, y basada en una información consistente y sólida.

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