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CÉFALO Y PROCRIS

 

   Céfalo estaba casado con Procris, una de las ninfas de Diana. Aurora (Eos) envidiaba su felicidad, pues ella, con su anciano esposo al lado, se sentía muy sola. Trató por todos los medios de competir con su rival, pero el amor del cazador y la ninfa era demasiado fuerte. Durante el verano, Céfalo tras sus jornadas de caza descansaba bajo un árbol y,  entonces, invocaba a la brisa para que lo refrescara. Eos sabía de esta costumbre y aunque conocía la inocencia de la acción, pues Céfalo sólo llamaba a la brisa para refrescarse, engañó a su mujer y provocó sus celos; le hizo creer que Céfalo estaba en el bosque con una joven muchacha.


Procris se escondió en el bosque para comprobar lo que le habían dicho . Fue sólo escuchar “Dulce Brisa, ¡ven!” y  creer que esas palabras eran la prueba de su infidelidad  y desmayarse súbitamente.


Céfalo escuchó la caída de su mujer y creyó que era una animal salvaje que venia a atacarlo, entonces en la espesura del bosque lanzó una jabalina que fue directa al corazón de su mujer. Oyó entonces la voz agonizante de su amada y fue corriendo a buscarla, alcanzando a explicarlo todo antes de que falleciese. Procris murió feliz sabiendo que su amor era verdadero y que dicha infidelidad no existía.


Céfalo nunca supo que Eos había tenido la culpa del accidente de su amada. Visitaba frecuentemente el monte Himeto para huir de su sentimiento de culpa y permanecer allí solo.
Aunque al final cayó en los brazos de Eos, refugiándose en su juventud y su hermoso cuerpo, nunca olvidó a su adorada mujer. Cada vez que besaba a Eos y cerraba los ojos, se imaginaba a su amada Procris, de nuevo viva entre sus brazos.

Victoria Jiménez Tapia, 4º B