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Coronis


   Apolo se prendó de Coronis,  a la que hizo objeto de todos sus halagos y atenciones, con la que desplegó todos sus encantos, hasta que la muchacha cedió y se convirtió en su amante. La felicidad de los enamorados parecía que iba a durar  para siempre. En cierta ocasión Apolo tuvo que ausentarse. Aunque no tenía motivos para dudar de la fidelidad de Coronis,  encargó a su animal predilecto, el cuervo, que vigilara a la muchacha. Por entonces el cuervo tenía el plumaje blanco y la garrulería propia de su especie. 

    Pues bien, pasaron los días y Coronis  se enamoró del joven Isquis y finalmente se entregó a él, traicionando al dios. El cuervo descubrió el adulterio y rápidamente se dispuso a comunicar la triste verdad a su dueño. De nada sirvió que en el camino la corneja le aconsejara que no transmitiera tan funesta noticia. Se puso a sí misma como ejemplo: antes había sido una joven agraciada, pero por haber  contado una traición semejante, Minerva la castigó convirtiéndola en corneja. Sin embargo el cuervo, en parte por fidelidad, en parte por no poder dominar su propensión a la charlatanería, no se dejó persuadir y reveló a Apolo lo sucedido.
   


    El dios montó en cólera. Sin pensar muy bien lo que hacía, voló hasta donde se encontraba Coronis, sacó una flecha de su carcaj y disparó una certera flecha que atravesó el pecho de la muchacha. Inmediatamente se arrepintió. Acudió presuroso a levantar el cuerpo de su amante que agonizaba. Recurrió a todos sus conocimientos médicos, mezcló hierbas curativas para aplicar en la herida, pero ya no había remedio. Antes de expirar, Coronis le reveló que estaba encinta y que el hijo de ambos moriría con ella. Desolado, Apolo se volvió hacia el cuervo: "¡Pájaro de mal agüero, vocero de desgracias! El Hades es la morada en la que mereces vivir, y desde ahora irás vestido como un habitante más de esa región tenebrosa. Mudarás por el negro tu blanco plumaje". Desde entonces arrastra el cuervo su reputación de ave siniestra,  sus negras alas y su voz destemplada.

    Apolo se apresuró a extraer del vientre de Coronis el cuerpo del niño, al que llamó Esculapio (Asclepios) y lo entregó al centauro Quirón para que lo criase y lo educase. Esculapio heredaría de su padre la habilidad para curar.  Su maestría llegó a tal extremo que consiguió incluso resucitar a los muertos. Indignado por esto, Júpiter lo fulminó.













Nicolás Latorre Vico





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