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Filoctetes


   Apesadumbrados por la muerte de Aquiles y de Áyax, los griegos piden ayuda al hijo de Néstor, el adivino Calcante, para que les revele los designios de los dioses. Éste les dice que no podrán tomar Troya sin Filoctetes, arquero griego.

    Durante el viaje hacia las costas troyanas, los griegos pararon en la isla de Lemnos para abastecerse. Allí, Filoctetes, que era uno de sus mejores arqueros, fue atacado por una serpiente, que le dejó su veneno, imposible de extraer, en la pierna. Este veneno no curaba nunca, así que la herida continuaba produciendo un dolor agónico al soldado, cuyos gritos y alaridos atormentados se escuchaban toda la noche. Además, la herida despedía un hedor insoportable. Por esto, pese a la compasión que sentían por él, los soldados griegos decidieron dejarlo en la isla, ya que no podrían soportar sus quejidos constantes en el reducido espacio del barco, y acabarían por volverse locos. Cuando Calcante reveló la importancia de Filoctetes para el desenlace de la guerra, los caudillos griegos Ulises y Diomedes se ofrecieron para llegar hasta la isla y traerle de vuelta.

    Filoctetes vivía en una cueva y se encontraba en un estado lamentable; su pelo y barba sucios y encrespados, sus ropas harapientas, y sus ojos hundidos en las cuencas. Había aprendido a buscarse la vida pese a la herida de su pierna. Sobrevivía a base de peces y huesos, y se protegía gracias a sus flechas, las cuales había envenenado con el mismo veneno que tenía en su cuerpo. Fue con ellas con las que se dispuso a apuntar a los extraños que se le acercaron, a lo que ellos alzaron la manos en señal de paz. Filoctetes dejó a Ulises y Diomedes acercarse, y escuchó sus humildes disculpas y la petición de volver que éstos le hacían, así como su ofrecimiento de cuidarle su herida y colmarlo de riquezas y esclavos, si les acompañaba.

    Filoctetes accedió a volver con ellos, y Ulises le cuidó la herida con gran cuidado. Así, embarcaron hacia las costas de Troya. Allí, Filoctetes fue recibido por el mismo Agamenón, y fue obsequiado con los regalos prometidos. Macaón, médico excelente,  se ocupó de curarle la pierna. De este modo Filoctetes se sumó a la guerra en la primera fila del bando griego.

Cuando llegaron hasta las mismas murallas de la ciudad, Filoctetes se encontró con Paris, el cual se jactaba de ser un gran arquero por haber matado con su flecha a Aquiles. Al verle, Filoctetes le dijo que él también era un gran arquero, y que le haría probar sus propias flechas. En un solo movimiento, Filoctetes lanzó a Paris una flecha envenenada, que éste no pudo esquivar por completo y le alcanzó en una mano. En sólo un momento el veneno se extendió por el cuerpo del joven Paris, produciéndole un dolor agónico, y fue retirado hacia el interior del palacio donde pidió que lo llevasen con la ninfa Enone, pero su muerte sería inevitable.


Isabel Sánchez Samaniego, alumna de 2º Bach. de Humanidades

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