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Hipólita, reina de las Amazonas


    Euristeo tenía que encomendar el próximo trabajo a Hércules. Era el cumpleaños de su hija, y esta muchacha caprichosa convenció a su padre para que ordenara al héroe conseguir el cinturón de oro de la reina de las Amazonas, Hipólita, como regalo de cumpleaños.

    Hércules aceptó y se dirigió al lejano territorio de las Amazonas. Éstas eran mujeres guerreras que salían a luchar en las batallas mientras sus maridos se quedaban en las casas cuidando de ellas y de los hijos. Cada vez que nacía un varón en el lugar, lo sacrificaban a los dioses o le enseñaban las tareas domésticas que tendrían que realizar más adelante.

   
Euristeo tenía claro que hiciese lo que hiciese Hércules, él iba a salir ganando. Si el chico moría en el intento de cumplir su trabajo, ya no tendría que preocuparse por él, y por el contrario, si conseguía su cometido, tendría un espectacular regalo para su hija. Hércules llegó en son de paz porque no quería luchar contra las temibles Amazonas, aunque le acompañaban en el viaje magníficos guerreros y amigos.

  
  Desde un principio fueron acogidos con gran hospitalidad. La reina Hipólita aceptó darle el cinturón de oro que le había regalado el dios Ares (dios de la guerra), y que tanto apreciaba.


    La diosa Hera, esposa del padre de  Hércules, odiaba al muchacho con todas sus fuerzas y al ver que todo le salía a pedir de boca, decidió complicarle las cosas. Se hizo pasar por una amazona y difundió por todo el territorio que Hércules y sus amigos tenían planeado matar a su reina. Éstas, enfadadas, atacaron a los griegos para protegerla. Cuando Hércules vio aquello, pensó que todo había sido una trampa de las Amazonas e irritado, mató a Hipólita.


            Al fin, regresaron al reino de Euristeo, con el cinturón, pero el camino fue silencioso y lleno de culpa. Todos iban cabizbajos sabiendo que habían matado a numerosas Amazonas y a su reina, que eran inocentes.


María Isabel Padilla Pérez, alumna de 4º ESO

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