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Jasón y los Argonautas. Medea


   JASÓN era hijo de Esón, rey de Yolcos, en Tesalia. Habiendo sido destronado Esón por su hermano Pelias, los dioses anunciaron al usurpador que sería a su tiempo expulsado o muerto por un hijo de Esón. Desde que Jasón vino al mundo, su madre para ponerle a salvo de las iras del tirano difundió la noticia de que el pequeñuelo estaba gravemente enfermo y poco tiempo después anunció que habla muerto. Ella misma ordenó que se celebraran en honor del infortunado niño solemnes exequias dando inequívocas muestras de verdadero pesar. Mientras tanto lo envió secretamente al centauro Quirón, que lo tomó bajo su custodia enseñándole diversas artes, entre otras la medicina y la astronomía.

    Apenas Jasón cumplió los veinte años se separó de su preceptor y se fue a consultar el oráculo, que le ordenó que se vistiera a la manera que lo hacían los naturales de Magnesia, se cubriera con una piel de leopardo y armado con dos lanzas se presentara en la corte de su tío Pelias. Jasón obedeció  sin demora. Llegado que fue a Yolcos, atrajo la atención de todos sus habitantes por su aire marcial y su extraña manera de vestir; interrogado al efecto y obligado a responder tuvo al fin que revelarse como hijo de Esón y reclamó contundentemente a Pelias la herencia paterna. Pelias, que no quería abandonar el cetro y que a la vez temía al pueblo, pensó que el mejor partido era alejar a su adversario proponiéndole que llevara a cabo una empresa larga y gloriosa. Llamó a Jasón a su palacio y le habló de esta manera: "Preocupado por terribles ensueños he consultado el oráculo y éste me ha ordenado que aplacara los manes de nuestro antepasado Frijo, que fue en otro tiempo degollado en la Cólquide, y que transportara sus cenizas a su patria. Puesto que mi avanzada edad no me permite acometer tal expedición, puedes tú emprenderla confiado en tu juventud y bravura; el deber te obliga a ello, el honor te llama a realizarlo. Yo te juro por Júpiter que después que hayas realizado esta gesta te restableceré en el trono de Esón, tu padre". A esto añade Pelias que Frijo, al morir, dejó en tierras de la Cólquide un vellocino precioso, cuya conquista puede llenar a Jasón de gloria y riquezas .

    Jasón tenía entonces aquella edad feliz en que se siente ambición por coronarse de fama, y aprovechó con avidez la ocasión que se le presentaba para conquistarla. Su expedición fué anunciada por toda la Grecia; cincuenta y dos príncipes acudieron a Yolcos para formar parte de ella. Esta expedición de los Argonautas, que es uno de los más famosos acontecimientos de los tiempos heroicos, ocurrió unos setenta años antes de la guerra de Troya.

    El bajel que debía transportar a los expedicionarios a la Cólquide, se llamaba Argo y constaba de cincuenta remos: Minerva trazó el plano del mismo y ayudó personalmente a construirlo. La madera que en él se empleó fue cortada de los árboles del, monte Pelión; una encina del bosque de Dodona sirvió para construir el mástil. Terminado el navío los Argonautas lo transportaron sobre sus espaldas desde el Danubio hasta el mar Adriático, y dícese que fue éste el primer barco que surcó las ondas.

    Jasón, autor de la empresa, se constituyó en su jefe principal. Los otros guerreros eran: Admeto, Teseo, Cástor y Pólux; Hércules, que no pudo acabar el viaje porque el pesó de su cuerpo ponía al bajel en continuo peligro; Linceo, que tenía la vista tan penetrante que veía a través de las murallas, descubría los escollos escondidos bajo las aguas y distinguía perfectamente los objetos a tres leguas de distancia; Orfeo, poeta de Tracia; Peleo, natural de Eaca y padre de Aquiles; Piritoo, Augias, Hylas, Meleagro, Esculapio y Tifis, experto piloto.



    Embarcáronse en el cabo de Magnesia, en Macedonia, y en los primeros momentos tuvieron navegación feliz. Después fueron sorprendidos por una tempestad que les obligó a refugiarse en Lemnos, donde Hipsipila, hija del rey, les dispensó una excelente acogida, permaneciendo aquí dos años cautivados por los encantos de las mujeres de Lemnos. Hipsipila fue la que especialmente atrajo las miradas de Jasón, que le prometió en juramento volver y fijar su residencia a su lado, tomándola por esposa, de retorno de la expedición. ¡Frívolo y engañoso juramento! Llegados que fueron a las costas de la Tróade determinaron que Hylas saltase a tierra para proveerse de agua en un río llamado Ascanio; pero las ninfas que moraban en sus orillas lo apresaron y retuvieron en sus mansiones subterráneas, donde Hylas cayó en la corriente del río y se ahogó. Al ver Hércules que no volvía, saltó a tierra, lo llamó mil veces, y los campos se estremecieron a sus voces de dolor.

     Desde aquí se dirigieron al Ponto Euxino y, finalmente. desembarcaron en Ea, capital de la Cólquide, que era el término de su navegación.
Nada más difícil que arrebatar a Eetes, rey de la comarca, el vellocino de oro que Frijo en otro tiempo había llevado allí. Hallábase suspendido de un árbol en medio de los campos y lo custodiaban día y noche un horrible dragón y dos toros monstruosos cuyos cuerpos eran impenetrables al hierro y que vomitaban por sus narices continuas llamas. ¿Qué podían el valor y la habilidad contra tales adversarios? Juno y Minerva, que se habían constituido en protectoras de Jasón, le allanaron los obstáculos, inspirando a Medea, hija de Eetes, la más viva pasión por Jasón.

    Apenas Medea conoce al héroe, lo ama y lo admira, ofrécele su ayuda para el terrible ataque, y le dice: "Yo conseguiré domar los dos toros, infundiré al dragón un sopor profundo y te entregaré los tesoros de mi padre; serás dueño absoluto del vellocino de oro, pero ante todo, hacia la medianoche, haz que te acompañen tus más íntimos hasta el templo de Hécate y allí, en presencia de la terrible divinidad, me jurarás amor y fidelidad y prometerás ser mi esposo y mi protector. Sólo a este precio, obtendrás el corazón y los tesoros de Medea ".

    Jasón acoge con transportes de júbilo esta proposición y corre al pie de los altares a prestar su juramento. Medea, por su parte, cumple puntualmente lo prometido: los toros quedan reducidos a la impotencia, el dragón sumido en profundo sopor y el vellocino de oro es arrebatado por Jasón. Eetes ignora lo que está pasando; entre tanto el caudillo de los Argonautas dispone los preparativos para la partida. Seguido de Medea aprovecha las sombras de la noche para volver a su navío, llama a sus compañeros y se aleja de la Cólquide cargado de considerables tesoros. Eetes, empero, no tarda mucho tiempo en descubrir la traición de su hija; apresta una armada y confía el mando de los bajeles a su hijo Absirto. El combate es reñido, y vencido Absirto perece de muerte cruel (dicen algunos que Medea, habiendo partido con Absirto, lo estranguló, destrozó sus miembros y los dispersó por el mismo camino que habla de seguir su padre, a fin de entretenerle.).

    Jasón entró gloriosamente en Yolcos y se dispuso inmediatamente a celebrar su victoria Con públicos regocijos. Esón, padre de Jasón, abatido por la edad y los achaques hubiera deseado tomar parte en las fiestas o al menos asistir a ellas como espectador. Jasón rogó a Medea que lo rejuveneciera utilizando los más eficaces secretos de su arte. Deseosa de complacer a su marido monta sobre un carro aéreo, recorre diversas regiones y recoge las hierbas mágicas, las prepara en forma de brebaje y las introduce milagrosamente en las venas de Esón. Tan pronto como se siente rejuvenecido, su pelo recobra el color natural, se borran de su rostro las arrugas y poco a poco recobra su lozanía, su alegría y su vigor. Pelias, enemigo de Jasón, arrastraba una vida achacosa y caduca. Admiradas las hijas de este tirano del rejuvenecimiento experimentado por Esón, conjuraron a Medea para que obrara el mismo prodigio en favor de su padre. La maga accedió a ello y para mejor convencerles del poder de su arte, cortó en trozos un viejo carnero y lo puso en una caldera de la cual lo sacó convertido en un corderillo; de la misma manera ahogó al anciano Pelias, lo cortó en trozos, arrojó sus miembros en una cuba de agua hirviendo y allí los dejó hasta que el fuego los hubo consumido por completo, siendo, por lo tanto, imposible a sus hijos tributarle los honores de la sepultura.

    Este hecho irritó de tal manera a los habitantes de Yolcos, que Jasón y Medea se vieron obligados a emprender la fuga y se retiraron a Corinto, al lado de Creonte, que era rey de aquella comarca, y allí vivieron diez años en perfecta unión. De ésta nacieron dos hijos, pero luego fue turbada por la ingratitud de Jasón, quien, olvidando las obligaciones que habla contraído para con su esposa y los juramentos por que se había obligado, pidió en matrimonio a Glauca (o Creúsa), hija de Creonte, se desposó con ella y repudió a la princesa de la Cólquide. Medea disimuló su furor para poder vengarse mejor, fingió que tal alianza era de toda su conformidad y tomó parte en las ceremonias nupciales, y cuando parecía ya asegurada la felicidad del esposo, Medea hechizó los adornos y las joyas que ofreció a la hija del rey como regalo. Apenas la princesa puso mano a tales alhajas, su pelo, su vestido y todo su cuerpo ardieron y prendieron fuego al palacio, pereciendo en medio de llamas ella con su padre. Poco satisfecha aún de esta primera venganza, Medea mató a presencia de Jasón, los dos hijos del marido infiel y subiendo rápidamente sobre un carro tirado por dragones remontó los aires y se dirigió a Atenas.

   
    Después de esta catástrofe, Jasón, dominado por la melancolía, llevó una vida errante y solitaria y un día que descansaba a la orilla del mar, a la sombra del bajel Argo que estaba en la playa, un leño que se desprendió de él le destrozó la cabeza. De esta manera murió el ilustre jefe de los Argonautas. Después de su muerte se levantaron en su honor estatuas y le veneraron como semidiós.

    Por lo que hace a Medea supo ganarse tan hábilmente, por medio de sus artificios, la simpatía de Egeo, rey de Atenas, que se avino a tomarla por esposa. Más tarde y cuando Teseo, que era el heredero del trono, fue a Atenas, Medea pensó deshacerse de él para asegurar la corona en las sienes del hijo que había nacido de su unión con Egeo; pero descubierto el propósito Medea fue objeto de la execración popular, viéndose obligada a huir en su carro alado, buscando su último asilo en la Cólquide, donde murió a edad muy avanzada.


Fuente: Texto tomado de Mitología griega y romana, de J. Humbert. Ed. Gustavo Gili S.A. México D. F. 1978






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