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LEYENDAS MITOLÓGICAS Página principal Dpto. Latín
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La violación de Lucrecia


   Cuentan las leyendas y tradiciones que la ciudad de Ardea, capital de los rútulos, estaba sitiada por el rey Tarquinio el Soberbio, el cual había planeado llevar a cabo un gran programa de obras públicas para embellecer Roma, y por ello necesitaba conseguir más riquezas. La campaña fue tediosa y se prolongó más en el tiempo de lo previsto. Un día los hijos de Tarquinio se entretenían en los cuarteles de su padre, bebiendo y gozando de una opulenta cena con su primo Colatino, cuando en la conversación surgió el tema de las virtudes que poseían sus hermosas esposas. Cada uno ensalzaba a la suya con los epítetos más bellos jamás oídos y aseguraba que la suya era la más virtuosa y fiel. La conversación, animada por el exceso de vino, se fue acalorando y Colatino concluyó con la propuesta de ir a Roma para comprobar la veracidad de tales afirmaciones, ya que disponían del tiempo suficiente.

    Ya entrada la madrugada llegaron a Roma y, para sorpresa de todos, sorprendieron a las esposas de los hijos de Tarquinio disfrutando de la ausencia de sus maridos en copiosas fiestas y banquetes, rodeadas de jóvenes. Por el contrario, cuando llegaron a la casa de Colatino, hallaron a la humilde Lucrecia, su esposa, tejiendo junto a sus sirvientas a la luz de una tenue vela una túnica nueva para su marido. Al ver esta escena, todos reconocieron que la ganadora de la apuesta había sido Lucrecia.

    Sin embargo lo que en un principio pudo resultar un mero concurso sobre las virtudes conyugales, pronto se convirtió en un dilema fatídico. Uno de los hijos de Tarquinio, Sexto Tarquinio, se quedó prendado de la belleza de
la mujer y sintió una inmensa pasión hacia su persona imposible de sofocar. Unos días más tarde Sexto decidió visitar a Lucrecia en su finca de Colacia, a poca distancia de Roma, sin avisar a Colatino, con el fin de seducirla. Ella lo recibió ofreciéndole espléndidos manjares de la manera más hospitalaria posible. Viendo el príncipe que Lucrecia no sucumbía ante sus encantos, lleno de furia durante la noche salió de su alcoba hacia el dormitorio de ella con una espada en la mano. Allí comenzó a acosarla con horribles amenazas y tras violarla regresó a su campamento, orgulloso de su crimen.

     Lucrecia, que era una noble romana casada ejemplo de valentía y virtud, escribió un mensaje a su padre
y a su marido, pidiéndoles además que vinieran a Colacia con algún otro testigo. Estos se pusieron en marcha con celeridad y, al llegar, Lucrecia les contó lo que le había sucedido. Acto seguido, atormentada por el deshonor que había sufrido, se clavó un cuchillo en el corazón. Bruto, compañero de Colatino, al ver el puñal clavado en el desnudo pecho de Lucrecia se lo sacó y levantándolo al cielo juró que expulsaría de Roma a la impía familia de los Tarquinios.

    Cuando regresaron a Roma con el cuerpo inerte de Lucrecia, el pueblo, muy enfadado por lo sucedido, apoyó a Bruto en su propósito. De este modo en el año 509 a. C. los Tarquinios fueron expulsados de Roma, aunque en numerosas ocasiones intentaron recuperar el poder por medio de la conspiración y por la fuerza.

    El sentido final de esta leyenda no es otro que el de explicar el paso de la monarquía a la república en Roma. Aunque ella se suicida para lavar su honor,  es una rebelión contra el tirano para así poder dar la bienvenida a un nuevo régimen político.

   Paola Zouak Lara, alumna de 2º Bachillerato




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