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Orígenes legendarios de Roma


   A las bodas de Tetis y Peleo fueron invitados todos los dioses excepto Discordia (Eris). Sin embargo, la diosa se vengó y disfrazada se acercó a la puerta del lugar donde se celebraba el banquete para dejar caer una manzana de oro con la inscripción “para la más hermosa” (καλιστῇ). Tres diosas creyeron ser merecedoras de dicha distinción y pensaron que la manzana iba dirigida a ellas. Como no se ponían de acuerdo, decidieron que fuera el mortal Paris, hijo del rey Príamo, que vivía retirado en el bosque, quien eligiera a la más hermosa. Este es el famoso juicio de Paris.
Las diosas intentaron sobornarlo: Afrodita prometió darle la mujer más bella del mundo, Atenea la victoria en todas las guerras, Hera aseguró que lo haría inmensamente rico. Paris eligió a Afrodita, por lo que la diosa tuvo que cumplir su promesa; pero la mujer más hermosa del mundo estaba ya casada con Menelao, rey de Esparta. Las otras diosas declararon odio eterno tanto al joven como a todo el pueblo troyano.




    Al poco tiempo, Paris viajó a Esparta para seducir a Helena, la esposa de Menelao, con la que huyó de regreso a Troya. Esta fue la razón de la guerra entre griegos y troyanos. Aunque todos los griegos, capitaneados por Agamenón, rey de Micenas y Argos y hermano de Menelao, se concentraton en el puerto de Aulis para marchar con más de mil naves a Troya, la diosa Diana sabía que alguien había matado a una cierva sagrada y no permitía que soplara el viento e inflara las velas. Tras una espera de dos meses, deciden sacrificar a Ifigenia, una hija de Agamenón, pero en el momento del sacrificio, Diana cambia a la muchacha por una cierva y se la lleva a un lugar lejano.


    Los barcos llegaron a la ciudad amurallada de Troya, situada junto al Hesponto y que estaba defendida por el rey Príamo, sus hijos Héctor y Paris y otro valientes caudillos como Eneas, Sarpedón y la reina de las Amazonas. En el bando griego se encontraban Agamenón, Menelao, Aquiles, Odiseo, Ayax, Diomedes y Néstor.


    Tras diez años de lucha, muertos ya Héctor y Aquiles, los griegos consiguen capturar Troya gracias al engaño del caballo de madera. De la inmensa destrucción de la ciudad, solo quedaron un puñado de guerreros y de mujeres que conducidos por Eneas, logran hacerse a la mar. Eneas tratará de fundar una nueva Troya allá donde los dioses se lo permitan. En su períplo, pasa por Sicilia, Cartago y finaliza en las costas del Lacio.
 

    En el Lacio reinaba el rey Latino, quien había prometido su hija Lavinia a Turno, el caudillo de los Rútulos. Eneas y los troyanos combatirán contra los Rútulos y los Latinos derrotándolos. Después Eneas mata a Turno y se desposa con la hija de Latino, firmando una alianza con el mismo y fundando una nueva ciudad que se llamaría Lavinium.


    Eneas había traído de Troya un hijo llamado Julo, quien fundará la ciudad de Alba Longa. Pasarán muchas generaciones en las que reinarán los descendientes de Julo hasta llegar a Proca, que tuvo dos hijos. Numitor era el primogénito y debía reinar, pero Amulio lo destronó y lo encarceló. Para asegurar que el trono pertenecería a sus descendientes, Amulio asesinó a los hijos varones de Numitor y convirtió en vestal a Rea Silvia, pero ésta engendró del dios Marte dos gemelos, Rómulo y Remo.


    Amulio, encolerizado, ordenó que los niños fueran arrojados al río Tíber, que esos días estaba desbordado. Fueron depositados en una canastilla que las aguas arrastraron y que al final quedó varada en la orilla entre unos cañaverales. A los vagidos de los niños acudió una loba que los llevó a su cubil y los amamantó como si fueran sus cachorros. Tiempo después, un pastor del rey llamado Faústulo, los encontró, mató a la loba y se los llevó a su choza entregándolos a su esposa Acca Larentia, quien los crió.


    Pasaron los años y Rómulo y Remo se convirtieron en jóvenes robustos. Faústulo les reveló su origen y ellos se marcharon a Alba Longa, vencieron a Amulio, le dieron muerte y restrablecieron en el trono a su abuelo Numitor. Decidieron entonces fundar una nueva ciudad y se dirigieron al lugar donde los había recogido la loba. Ambos querían darle su nombre a la ciudad y como no se ponían de acuerdo, recurrieron a los auspicios.
Remo, desde la colina de Aventino, vio seis buitres, mientras que Rómulo, desde el Palatino, vio doce. Así pues, daría nombre a la nueva ciudad. Trazó con el arado el perímetro advirtiendo que nadie saltara ese surco ya que representaba las murallas de la futura ciudad. Sin embargo, Remo, que no había asimilado su derrota, saltó el surco varias veces, burlándose, por lo que Rómulo, en un arrebato de ira, mató a su hermano. La nueva ciudad nacía, pues, con sangre.


    Rómulo hizo de este lugar un santuario al que acudió una multitud de pastores, proscritos y gente de mal vivir. Cuando Roma estaba ya algo organizada, se dieron cuenta de que faltaba algo muy importante: las mujeres. Debido a la mala fama de los primeros habitantes de Roma, no era fácil atraerlas, así que recurrieron a la astucia y organizaron unos juegos a los que invitaron a sus vecinos los Sabinos, que acudieron con sus esposas e hijas.
    En medio de los juegos y a una señal dada, los romanos raptaron a las hijas de los Sabinos. Esto provocó un enfrentamiento entre ambos pueblos, hasta que pasado un tiempo, las propias mujeres quisieron acabar la guerra interponiéndose entre los contendientes. Así se firmó la paz entre ambos pueblos y Tito Tacio, caudillo de los Sabinos, reinó conjuntamente con Rómulo.



Nicolás Latorre Vico

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