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Perseo


Un oráculo había revelado a Acrisio, rey de Argos, que moriría por culpa de su nieto.
    Al conocer esta profecía, encerró a su hija Dánae en una torre y no dejó que se casase para evitar que tuviese hijos. Pero Zeus como la quería se transformó en lluvia de oro para entrar en la torre. También se dice que Zeus habría sobornado a los guardianes con oro.

    Dánae, la hija de Acrisio, se quedó embarazada y su padre la abandonó en el mar junto con el bebé. Fueron salvados por un pescador y entregados a los sacerdotes del templo de Atenea para que los cuidasen.

    Pasaron 20 años y el niño creció. Lo mandaron a luchar contra Medusa, a la que tenía que cortarle la cabeza erizada de serpientes. Todo aquel que miraba directamente la cabeza de esta gorogona se convertía en piedra. Atenea le dio su escudo, también recibió unas sandalias aladas, una espada de diamante y un casco que lo hacía invisible.

    Perseo viajó hasta la guarida de Medusa, a la que encontró dormida. De un golpe le cortó la cabeza y escapó de las otras gorgonas gracias a sus sandalias aladas. Se llevó la cabeza de Medusa atada al escudo y sin mirarla.

    Al llegar la noche se detuvo para descansar en Mauritania, donde vivía y reinaba un gigante llamado Atlas. Perseo se acercó a él, le pidió quedarse a descansar y le dijo que era hijo de Zeus. Pero Atlas recordó una predicción que le había hecho un oráculo que decía que sería vencido por un hijo de Zeus. En lugar de ofrecer hospitalidad a Perseo lo amezazó con matarlo. Perseo no se veía con fuerzas para luchar contra el gigante, así que sacó la cabeza de Medusa y convirtió a Atlas en piedra, en el monte que lleva su nombre.

    Al día siguiente salió de allí pero vio a Andrómeda, una muchacha que estaba a punto de morir, y le preguntó qué le pasaba, que por qué estaba allí atada. Perseo le pidió a sus padres, Cefeo y Casiopea, la mano de Andrómeda y estos aceptaron si salvaba a su hija del monstruo marino que la iba a devorar. Perseo se lanzó hacia él, le hundió la espada de diamante en el corazón y liberó a Andrómeda.


    Al poco tiempo prepararon la boda, pero Fineo, tío de Andrómeda, provocó una lucha en mitad del casamiento pues había sido amante de Andrómeda. Perseo transformó a todos en piedra y volvió a su tierra.

    Su abuelo que quería reconciliarse con él, pedirle perdón y felicitarle, organiza unos juegos en honor de su nieto, pero cuando Perseo lanzó el disco en una de las pruebas tuvo la mala suerte de darle a su abuelo Acrisio en la frente. Este murió al instante, por lo que se cumplió la predicción del oráculo.


Andrea Casado Prieto, alumna de 1º Bachillerato

Lee también esta otra versión muy completa del mito:

    Abante, rey de Argólida, se casó con Aglaye, la cual dio a luz dos mellizos, Preto y Acrisio. Abante cedió el reino a sus hijos con la condición de que se turnaran el gobierno, para que no hubieran disputas. Pero los dos hermanos se peleaban desde que salieran del mismo seno materno. Acrisio tenía una hija, Dánae, la cual fue seducida por Preto. Acrisio, ante esta ofensa, no cedió el trono y Preto tuvo que huir de Argólida. Tras reunir un ejercitó asedió la ciudad, y después de numerosas batallas, los dos hermanos tuvieron que decidir repartirse el reino. Acrisio se quedó con Argos, mientras que Preto consiguió Tirinto.

    Con la paz, Acrisio deseaba un hijo varón, que heredara su reino y perpetuara su estirpe. Fue a consultar el oráculo al respecto, y cuál fue su sorpresa y decepción, que además de que el oráculo le asegurara que no tendría ningún hijo varón, profetizó que su propio nieto, el futuro hijo de Dánae, acabaría con su vida. Acrisio, para escapar de su destino, decidió encerrar a Dánae en una torre de bronce, custodiada por perros guardianes. El fortín era inexpugnable para los hombre, pero no para los dioses inmortales. Zeus quedó prendado de la enorme belleza de Dánae, y transformado en lluvia de oro cubrió a Dánae, dejándola embarazada de Perseo. Acrisio, tras enterarse de que Dánae había dado a luz un hijo, decidió deshacerse de ella y de su vástago. Pero Acrisio no se atrevió a mancharse las manos con la sangre de su propia hija, así que decidió encerrarlos a ambos en un arca de madera y arrojarlos al mar. El arca, guiada por manos divinas, llegó a la isla de Sérifos, donde el rey Polidectes los acogió con inmensa alegría, y crio a Perseo en su propia casa.

    Perseo llegó a la edad viril, y comenzó a participar en juegos y combates. Mientras tanto, Polidectes se enamoró de Danae, la cual lo rechazó fervientemente. Polidectes, agraviado, siguió acosando a Dánae por un tiempo, hasta que Perseo declaró abiertamente que mientras él estuviera presente, nadie forzaría a su madre contra su voluntad. Polidectes engañó a Perseo, diciéndole que iba a desposarse Hipodamia, hija de Penélope, pero necesitaba de su ayuda. Este, en una bravuconada, declaro que con tal de que dejara a su madre en paz era capaz de conseguirle la cabeza de Medusa, si fuera necesario, a lo que Polidectes accedió gustosamente.

    Medusa era una de las tres Górgonas, junto con Euriale y Esteno. Medusa era extraordinariamente bella y demasiado caprichosa. Pidió a la diosa Atenea que le permitiera partir hacia el Sur, pues su hogar era demasiado desagradable para ella. Cuando Atenea se negó a cederle ese deseo, Medusa injurió a diosa, de la cual dijo que no podía compararse a ella en belleza. Atenea, para castigar su vanidad, transformó los rizos de su cabello en serpientes que silbaban y se retorcían sin parar, y dictaminó que una sola mirada de Medusa bastaría para convertir a cualquiera que osara mirarla en piedra.

    Atenea, enemiga acérrima de Medusa, al oír la conversación mantenida en Sérifos, decidió ayudar a Perseo en su misión. Lo condujo hasta Samos, donde vio las imágenes de las tres Gorgonas y aprendió a distinguir a Medusa; luego le regalo un escudo brillantemente pulido, para que nunca mirara a Medusa directamente, sino a través del reflejo del escudo. Hermes también ayudó a Perseo, entregándole una hoz irrompible, con la que podía degollar a Medusa. Pero Perseo todavía necesitaba un par de sandalias aladas, un zurrón mágico para guardar la cabeza de la Górgona y el casco de Hades, que le concedía a su portador el don de la invisibilidad mientras lo tuviera puesto. Estos tesoros los tenían en posesión las ninfas estigias, pero su paradero era conocido solo por las hermanas de las Gorgonas, las tres Grayas. Las tres Grayas tenían apariencia de cisne, y sólo poseían un ojo y un diente, que usaban por turnos. Perseo se las arregló para arrebatarles el diente y el ojo cuando estás se lo estaban pasando de una a otra. Perseo le prometió que se los devolvería si le indicaba donde podía encontrar a las ninfas del Estigia.

    Tras conseguir las sandalias, el zurrón y el yelmo, Perseo voló hasta el país de los Hiperbóreos, donde se encontraban dormidas las Gorgonas. Avanzando con cautela y fijando sus ojos en el reflejo del escudo, llegó hasta Medusa, la cual dormía plácidamente. Su mano, guiada por Atenea, cercenó la cabeza de Medusa de un solo tajo. Para sorpresa de Perseo, del cadáver de Medusa surgieron el caballo alado Pegaso y el guerrero Crisaor, los cuales habían sido engendrados en Medusa por Poseidón en uno de los templos de Atenea. Perseo, gracias al casco de Hades se volvió invisible y consiguió escapar con vida, antes de que las hermanas de Medusa descubrieran lo que Perseo había hecho.

    En el viaje de regreso Perseo se encontró con el titán Atlas, pero las versiones sobre lo que ocurrió con él difieren ligeramente. Una dice que Atlas le pidió a Perseo que le mostrara la cabeza de Medusa para convertirlo en piedra, y librarlo así del tormento que suponía sostener sobre sus hombros los pilares del cielo y la tierra. Atlas se transformó en las accidentadas montañas que desde entonces llevaron su nombre. Como la cima de esa montaña se pierde entre las nubes los antiguos creían que ella sostenía todo el peso de la bóveda celestial. Otra versión, sin embargo, indica que Perseo no disfrutó de la hospitalidad del palacio de Atlas, y como castigo lo transformó en piedra mostrándole la cabeza de Medusa.

    Sea una cosa u otra, Perseo continuó su camino, y cuando sobrevolaba la costa de Filistia, divisó a una mujer desnuda encadenada a un risco y al instante se enamoró de ella. Esta mujer era Andrómeda, la hija de Casiopea y Cefeo, el rey etíope de Yope. Casiopea se vanagloriaba de que ella y su hija eran más bellas que las Nereidas (las mal llamadas por todos sirenas, pues las sirenas eran monstruos mitad mujer-mitad ave). Estas ninfas marinas se quejaron a Poseidón, el cual mandó un monstruo marino femenino a asolar las costas de Filistia. Cuando consultaron al oráculo de Amón, este les dijo que la única solución era sacrificar a Andrómeda al monstruo marino, para aplacar la ira de las Nereidas. Fue entonces cuando la encadenaron totalmente desnuda, aunque conservaba algunas de sus joyas.

    Cuando Perseo vio a Cefeo y Casiopea observando ansiosos desde la orilla, descendió para pedir la mano de Andrómeda si conseguía salvarla. Los padres aceptaron rápidamente, y Perseo voló raudo hacia el monstruo. Tras distraerle con su sombra reflejada en el mar, Perseo le rebanó la cabeza con la hoz que había recibido de Hermes.

    La boda se celebró enseguida por insistencia de Andrómeda, pero Cefeo y Casiopea no estaban tan contentos. Habían aceptado el trato de Perseo porque estaban completamente desesperados, pero su hija ya estaba prometida con Agenor, hermano mellizo del rey Belo. En mitad del banquete de bodas, Agenor, instado por Casiopea retó a Perseo. Pero Agenor no luchó en combate singular, sino que toda su guardia se abalanzó sobre Perseo. Este rápidamente sacó la cabeza de Medusa y convirtió a todos sus rivales en piedra, para después destruirlos. Después de este pequeño contratiempo continuó el banquete de bodas (si, como si no hubiera pasado nada...).

    Tras la boda, Perseo regresó a Sérifos con su esposa Andrómeda. Allí se encontró con que su madre y Dictis (el pescador que lo había encontrado cuando era un bebé junto a su madre Dánae) estaban amenazados por la violencia y el resquemor de Polidectes. Perseo convirtió en piedra a Polidectes con la cabeza de Medusa, la misma que el propio rey le había mandado conseguir. Tras poner a Dictis en el trono de Sérifos entregó la cabeza a Atenea, quien la insertó en su égida. Devolvió las armas a Hermes, el cual entregó las sandalias, el zurrón y el casco a las ninfas del Estigia, para que siguieran estando bajo su custodia.

    Perseo, junto con su madre y su esposa se encaminó a Argos para reclamar su derecho al trono, acompañados de una partida de Cíclopes. Al enterarse de su inminente llegada, Acrisio huyó a Larisa, pero casualmente Perseo había sido invitado allí a asistir a unos juegos. En un lanzamiento de disco de Perseo que se desvió por la acción del viento (y la voluntad de los dioses) fue a estrellarse contra Acrisio, el cual murió en el acto, cumpliéndose así la profecía del oráculo.

    Profundamente afligido por su acto, Perseo enterró a su abuelo, y avergonzado de ser el rey de Argos, fue a Tirinto, donde se encontró con Megapentes, el hijo de Preto, que había sucedido a su padre en el trono. Perseo propuso cambiar su reinado con él  y se trasladó a Tirinto, como su legitimo rey. Aún así, al poco tiempo recuperó el resto del reino original de Preto. Perseo fortificó Midea y fundó Micenas, unas de las grandes ciudades de la antigüedad. Gobernó durante muchos años y cuando murió, los dioses lo situaron entre las estrellas, donde aún puede ser visto junto a su esposa Andrómeda.
 
Bueno, no quiero terminar sin recordar que toda esta información la he obtenido gracias a los libros "Grecia y Roma", de H.A. Guerber y "Los Mitos Griegos", de Robert Graves


Fuente:
http://districtbore.blogspot.com/2010/04/mitologia-griega-el-mito-de-perseo-1.html
http://districtbore.blogspot.com/2010/04/mitologia-griega-el-mito-de-perseo-2.html

Medusa, dibujo de Remedios Sanz Sampelayo

"Medusa". Dibujo de Mª Remedios Sanz Sampelayo, alumna de 4º ESO
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