latín y griego
esfinge
correo I.E.S. "ALONSO CANO". DÚRCAL Enlace a  iesalonsocano.es

cenefa

portada
LEYENDAS MITOLÓGICAS Página principal Dpto. Latín
   Volver

Somnus y Mors (Hipnos y Tánatos)


   

    Tras dejar atrás las sombrías regiones del reino de Plutón, y siguiendo el curso del río Lete, los antiguos creían que uno llegaba hasta una gran cueva en un tranquilo y remoto valle. Esta cueva era la morada de Somnus (o Hipnos), dios del  sueño, y  la de su hermano  gemelo Mors  (o Tánatos), dios de la muerte; ambos eran hijos de la diosa de la noche, que en una ocasión había llegado a reinar  sobre el universo entero. Cerca de la entrada de la cueva, oscuras formas se encontraban en  constante  vigilancia,  agitando  profusamente   montones  de amapolas, y, llevándose el dedo a los labios, imponían silencio a quienquiera que se aventurase a entrar. Estas formas eran los genios del sueño y la muerte, representados en el arte con coronas de amapolas y a veces sosteniendo una urna funeraria o una antorcha invertida.

Esta cueva se dividía en cámaras, cada una  más  oscura  y más silenciosa que la que le precedía. En una de estas habitaciones internas, que estaba cubierta con cortinas negras, había un mullido canapé, sobre el cual se reclinaba el monarca del sueño. Sus vestiduras también eran negras, pero adornadas  con estrellas de oro. Llevaba una corona de amapolas en su cabeza y sostenía una copa llena de jugo  de amapolas en su lánguida mano.


Su soñolienta cabeza era sostenida por Morfeo, su primer ministro, que vigilaba incesantemente sobre sus prolongadas siestas e impedía que nadie alterara su descanso.

«En una profunda caverna vive el soñoliento dios del sueño;

Desde tal palacio no se ven ni la salida del Sol,

Ni su puesta, ni visitas, ni la luz de la Luna;

Sólo soporíferos vapores flotan por la zona,

Penumbra perpetua, y un cielo incierto;

No hay allí ningún gallo que despliegue sus alas,

 O que con su córneo pico anuncie el día;

Ni perros guardianes, ni los despiertos gansos,

Rompen con ruidos nocturnos la paz sagrada;

No hay cerca animales salvajes, o domesticados,

Ni árboles que se mezan al viento, ni sonidos humanos;

Tranquilo se reposa aquí, sin un solo aliento de aire

Se vive aquí, y una aburrida quietud semejante a la de la muerte.

Un brazo de Lete fluye gentilmente,

Hacia arriba desde la roca de abajo,

Hasta los fosos del palacio, deslizándose sobre los guijarros,

Y con suaves murmullos anuncia al sueño que viene;

Alrededor de su entrada crecen inclinadas amapolas,

Que a todos conceden el dulce sueño;

La Noche obtiene sus virtudes soporíferas de las plantas,

Y pasando lo derrama sobre las silenciosas praderas;

No hay puertas que cierren las casas no vigiladas,

O goznes que crujan al girar para romper su sueño.

Pero en la lúgubre corte se construyó una cama,

Rellena con plumas negras, y sobre ébano se sostenía;

También eran negras las sábanas, donde yacía el dios,

Y dormido en posición supina, sus miembros extendía.

Sobre su cabeza vuelan visiones fantásticas,

Que suplen imágenes varias de las cosas

Y simulan sus formas; ya no hay hojas en los árboles,

Ni espigas en los campos, ni arena en las playas.»

Ovidio

Alrededor de la cama y sobre ella se suspendía una multitud de espíritus primorosos, los Sueños, que se inclinaban para susurrar a su oído agradables mensajes; en las esquinas distantes de la habitación se escondían las horribles Pesadillas. Los Sueños eran enviados a la tierra con frecuencia, bajo la responsabilidad  de Mercurio, para que visitaran a los mortales.

Dos puertas conducían al exterior del valle del sueño: una de marfil y la otra de asta. Los Sueños que pasaban a través de la resplandeciente puerta de marfil eran ilusorios, mientras que los que pasaban a través de la sencilla puerta de asta estaban destinados a hacerse realidad en el transcurso del tiempo.

 

 

«Algunos sueños, extranjero, carecen de sentido

 Y son insustanciales, y nunca se cumplirán.

Dos puertas hay para sus oscuras formas,

Una de marfil, la otra de asta. Los sueños

Que pasan por el marfil tallado decepcionan

Con promesas que nunca se harán realidad;

Pero aquellos que pasan a través de las puertas de asta pulida,

Y son contemplados por el hombre, se cumplirán.»

Homero.




 

Los Sueños también se envían con frecuencia a través de las puertas de asta para preparar a los hombres para las desgracias, como en el caso de Alcione.


Texto tomado de Grecia y Roma, de H. A. Guerber (1907), traducción de Seuk Kwon. M. E. Editores, S. L. Madrid, 1995. Págs. 195-197.





portada
   Volver