página principal IES "ALONSO CANO", DÚRCAL VIAJE DE ESTUDIOS 2010





Presentación   |   Capadocia  |  Konya - Pamukkale  |  Éfeso - Bursa  |  Estambul  |  Madrid


    El bus de la empresa Martín Corral, conducido por Iván, está puntualmente a las 23:30 en la rotonda del Callejón del Pretorio y Pablo Picasso. Allí suben Nicolás, José Antonio, Alfonso y Elena. Media hora más tarde aparca en Dúrcal frente a la Ermita. Vamos recogiendo los pasaportes para asegurarnos de que todos los alumnos lo llevan. La carga de equipaje debe ser cuidadosa para aprovechar el espacio al máximo. Contamos los pasaportes y falta uno. Finalmente descubrimos que una alumna había subido al bus sin entregarlo. A las 00:15 partimos rumbo a Madrid.

Día 20 de junio. Domingo:


    Paramos por primera vez en un área de servicio, en un complejo Abades cercano a La Carolina, que a esta hora está casi desierto. A las 05:30 llegamos a la Terminal 1 de Barajas. Nos dirigimos hacia los mostradores 137-139. Entretenemos la espera repartiendo los pasaportes y los billetes de avión. A las 07:00 abren los mostradores y empezamos a facturar el equipaje. Pasamos los controles de equipaje de mano y de pasaporte. Una chica ha olvidado el reloj en el primer control. La policía le permite regresar a por él acompañada de Roberto. La puerta de embarque B 25 abre a las 08:30. El avión, un Airbus 220, tiene buen aspecto. Nuestro vuelo, el FHY 506 con destino a Nevsehir, tiene prevista su salida a las 09:10. A esa hora empezamos a movernos por las pistas y no despegamos hasta casi media hora después. Sirven el desayuno. Advertimos a los alumnos que deben adelantar una hora sus relojes para adaptarse al horario de Turquía.

    Aterrizamos sin novedad en el pequeño aeropuerto de Nevsehir a las 14:30 h. Tras bajar la escalerilla del avión debemos atravesar a pie las pistas hasta el edificio, al que no podemos entrar porque una gran cola espera pacientemente al sol . No es sólo que el edificio sea pequeño, sino que el trámite previo es el pago del visado que se realiza en una sola ventanilla y muy cerca de la puerta. Afortunadamente corre una brisa que hace más llevadera la espera. Decidimos que es mejor que nuestro grupo se quede al final para facilitar el pago del visado en grupo a cargo del fondo común. Roberto y José Antonio intentan explicar al funcionario que queremos hacer un solo pago para los  53 visados (795 €). Comienza  a cabecear y a decir que no entiende, que son 15 € por persona. Por fin da su brazo a torcer y le vamos entregando los pasaportes abiertos para que pegue el sello del visado. Recogemos el equipaje de la cinta. Un policía se acerca a Nicolás y le obliga a borrar algunas fotografías que había tomado del interior del edificio. Ya estábamos advertidos de que esto podía ocurrir en edificios oficiales o considerados objetivos potenciales de un atentado terrorista.

    Nos espera un representante de Mapatours, que resulta ser el guía que tendremos durante todo el circuito. Se llama Sedat y habla un español aceptable. Nos conduce al autobús y cargamos el equipaje. Nos llevamos la sorpresa de que nos han asignado un bus de 55 plazas, cuando nos habían asegurado que la capacidad normal de un bus en Turquía es de 46 plazas. Y así debe de ser. El guía nos explica que los autobuses grandes requieren de un permiso de conducir distinto y son pocos los que circulan por aquí. Como habíamos pagado un plus de 20 € por la utilización de dos autobuses, deberemos llamar a la agencia de viajes para que nos reintegren esa cantidad. De todas formas, nos alegramos de que todo el grupo pueda viajar unido y de la comodidad que supone. Sedat nos dice que ha pensado prescindir de la visita a la fábrica de alfombras y de ónix. Le damos la razón, porque un grupo de alumnos no es el mejor cliente para este tipo de establecimientos. Pregunta también quién está interesado en la excursión en globo para el día siguiente. Nadie parece estar dispuesto a pagar los 145 € que vale. Así que parece que el guía va a obtener poco en comisiones.

    Nos lleva directamente al Hotel Altinoz, a donde llegamos a las 16:15. Es un buen hotel, moderno y de habitaciones amplias. El único inconveniente es su ubicación: un barrio desangelado, lejos del centro y sin ningún atractivo para dar un paseo. Damos la tarde libre para descansar. Una de las posibilidades es bajar a la pequeña piscina del sótano, donde también funciona un baño turco. La piscina tiene muy poca profundidad y exceso de cloro, pero algo es algo. Algunos salimos a pasear y hacer un reconocimiento de los alrededores. Abundan los establecimientos de kebap, pero son muy escasas las cafeterías. No se ven terrazas de bares, pero sí muchas fruterías y pastelerías.

    A las 20:00 es la cena bufé en el gran comedor del hotel. Hay suficiente variedad de platos, pero no tanta que contente a todos los alumnos, que no volverán a ver patatas fritas, salchichas  o nuggets de pollo hasta el Parque de Atracciones de Madrid.

    Al acabar, los profesores dan un paseo. Casi todos los establecimientos están cerrados, excepto las fruterías, que exponen su mercancía en la acera y que parece que están abiertas hasta muy tarde. A las 22:30 están de regreso en el hotel. Hay indicios de que los alumnos se están preparando para pasar la noche de fiesta.


Día 21 de junio, lunes:Capadocia


    Y hubo fiesta. A nuestro guía lo despertaron varias veces las llamadas desde recepción que se quejaban del ruido. Parece que algunos no comprenden que es posible divertirse y pasar la noche con los compañeros sin necesidad de dar portazos, correr por los pasillos, dar voces o llamar por teléfono a la habitación de alguien ajeno al grupo.

    Nos despiertan a las 7:30 y desayunamos a las 8:00. El bufé está bastante bien surtido. Llama la atención, como ocurre en Grecia, la presencia de alimentos que el español no asocia con el desayuno, como las aceitunas fuertemente aliñadas o el queso de cabra. El yogur es excelente. Los alumnos son poco amigos de probar aquello que se sale de su rutina alimentaria, así que no prueban nada de esto.

    A las 8:30 subimos al autobús. La primera prueba de puntualidad no se supera con éxito. Bastantes llegan con retraso de algunos minutos y se apuntan las primeras multas. Nos ponemos en marcha hacia nuestra primera visita en Capadocia, que será la ciudad subterránea de Kaymakli. Dejamos atrás Nevsehir, que nos ofrece perspectivas hermosas de colinas con altos minaretes y nos adentramos en un territorio árido que, sin embargo, como nos dice nuestro guía, es una importante zona agrícola, sobre todo tras la paulatina introducción del regadío. La tierra, de origen volcánico es fértil. Aparecen algunos pueblos abandonados, de viviendas trogloditas.

    A las 9 en punto llegamos a Kaymakli, una de las tres ciudades subterráneas que pueden visitarse, aunque son muchas más las que horadan el subsuelo de esta fantástica región. Fue excavada probablemente entre los siglos VI y X por motivos defensivos. Está construida en ocho niveles, de los que pueden visitarse cuatro. Entramos y seguimos al guía, aunque el recorrido turístico está bien señalizado. Se suceden las celdas y salas dedicadas a diversas funciones: cuadras, almacenes, aljibes, graneros, iglesia, cocinas, etc., unidas por pasillos a veces muy bajos y estrechos, que obligan a los más altos a encogerse. Los alumnos esperan a ver cómo se desenvuelve Nicolás en estos pasadizos y tienen la oportunidad de comprobar que aún le queda algo de su legendaria elasticidad. La temperatura es muy agradable y el aire circula con normalidad gracias al ingenioso sistema de chimeneas. De vez en cuando vemos las grandes piedras circulares que servían para tapar los accesos en caso de peligro.

    Salimos y dejamos un rato para visitar las tiendas que se arraciman en las inmediaciones de la ciudad subterránea. Encontramos al grupo de españoles que se aloja en nuestro hotel. Vuelven a recordarnos los ruidos que han debido soportar por la noche y las llamadas telefónicas (alguno que tenía que levantarse a las 6:00 para la excursión en globo las interpretó como el aviso para levantarse y se plantó en recepción a las 4:00). Pero a pesar de todo se muestran bastante comprensivos e inclinados a justificar los excesos de los alumnos, "porque para eso son jóvenes".

    A las 10:10 subimos al bus y a las 10:35 paramos en Güvercinlik Vadisi o Valle de las Palomas, un mirador desde el que se divisa una bellísima panorámica de las formaciones geológicas típicas de la Capadocia con la fortaleza de Uçhisar al fondo. Hay una tienda de recuerdos y diversos puestecillos de bordados y encajes. En otro puesto se anuncia la "viagra" natural. De un arbolillo cuelgan cientos de ojos mágicos y de otro algunas vasijas. Aprovechamos para hacer una foto de grupo. Luego de dedicar un rato a curiosear por la tienda subimos al bus para dirigirnos a la cercana Uçhisar.

    El bus aparca a un centenar de metros de la fortaleza, que va a ser lo único que visitaremos de Uçhisar. El paisaje es espectacular. Son muchos los conos de toba habitados y reutilizados para el alojamiento turístico. Nos acercamos a la mole que forma la ciudadela, coronada por una bandera turca que ondea al viento. La toba está horadada en túneles y estancias que socavan el interior. Algunas de esas excavaciones acabaron por hundirse.

    En la entrada nos dan 45 tiques (el portero no se molesta en contar cuántos somos). Cruzando algunas salas excavadas salimos al exterior. Una escalera irregular, tallada en la roca, conduce al visitante hasta la cima. Es una ascensión divertida y nada fatigosa. A nuestros pies se yerguen algunos minaretes de mezquitas y las casas bajas del pueblo. A lo lejos se extiende el paisaje fantástico de la región.

    Las formaciones geológicas aparecen trufadas de pequeñas huertas y campos de frutales. Saltamos como cabras por las rocas de la cumbre y hacemos fotos. El viento que sopla mitiga el calor. No disponemos de mucho tiempo, así que decidimos bajar y dedicar unos minutos a las tiendas de recuerdos que exponen sus tenderetes frente a la entrada. Cuando caminamos hacia el bus reparamos en una niña que trabaja tejiendo hilos de colores en un bastidor. Las alumnas se acercan y quedan seducidas por la belleza  y la simpatía de la niña y por la gracia de las ingenuas y coloridas redecillas que fabrica. Las compran todas.






    Subimos al bus para un breve trayecto que nos acerca hasta una joyería especializada en oro, plata, ónice y turquesas. La tienda está muy bien preparada para recibir a los grupos de turistas. Ofrecen un té o una bebida fría típica. Uno de los encargados nos da una amena charla sobre las turquesas, piedras preciosas, ponderando su valor y avisando de la facilidad con que son falsificadas con sucedáneos.

    Algunas chicas compran pendientes o sortijas, eligiendo entre las más asequibles, pero en general los que se ofrecen son objetos de elevado precio que no están al alcance del poder adquisitivo de un grupo de estudiantes.


    A las 12:50 subimos de nuevo al bus. Paramos en otro mirador, el de Avcilar Vadisi. Desde aquí se goza de una magnífica panorámica del valle de Göreme. Hay también una destartalada y atestada tienda de recuerdos, ropa, bisutería, bebidas en la que nos detenemos otro rato.

    Ahora toca almorzar. Subimos al bus y dejamos a un lado Göreme en busca del restaurante. Cruzamos algunas aldeas que exhiben puestos de cerámica típica y llegamos a un edificio construido como réplica de un caravasar. Es nuestro restaurante, un local muy bien acondicionado, decorado con gusto, con suelos y techos de madera, arcos polilobulados, varios salones amplios y un buen servicio de camareros. Han montado para nosotros mesas redondas de ocho comensales. Luego veremos que el otro grupo que se aloja en nuestro hotel tiene un salón más pequeño y con mesas corridas.

    De primero nos sirven ensalada, pincho de tortilla de patatas, pan con tomate y ajo y un hojaldre con queso. De segundo dan a elegir entre ternera en salsa, brocheta de pollo o trucha. Casi todos se inclinan por el pollo. De postre, un helado con frutas. Roberto invita a café y té en la mesa de profesores. El agua, como en el resto del viaje, correrá por cuenta del fondo común. Tras este magnífico almuerzo, cuando son las 14:50, salimos y nos hacemos una foto de grupo ante la fachada del restaurante.


    A las 15:10 estamos ante la taquilla del Museo al aire libre de Göreme, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1985. Sedat adquiere las entradas y vamos pasando por los tornos. Junto a la entrada se alza una fantástica formación rocosa totalmente excavada, que sirvió de convento a casi trescientas monjas. Un camino de adoquines perfectamente delimitado permite al visitante hacer el recorrido circular que lo traerá de vuelta a la entrada. Como las iglesias son de tamaño muy reducido, debemos esperar a que salga un grupo para poder entrar nosotros, normalmente en dos turnos.



    Lo primero que visitamos es la Aziz Basil Kilise (iglesia de San Basilio), que apenas tiene decoración. La Elmali Kilise (iglesia del manzano) tiene un estrecho acceso y una entrada muy baja que obliga a inclinarse. En el interior observamos cúpulas sostenidas por pechinas, decoradas con escenas de la vida de Cristo y retratos de santos. La pequeña Aize Barbara Kilise (iglesia de Santa Bárbara) nos permite hacernos una idea del tipo de decoración abstracta del período iconoclasta. Nuestra última visita guiada es la Yilanli Kilise (iglesia de la serpiente), en cuyos frescos aparecen el emperador Constantino y su madre Santa Elena. De la escena en que San Jorge da muerte al dragón procede el nombre de la iglesia.


    A la salida, Sedat nos da una hora, hasta las 17 h, para que completemos el recorrido por el museo abierto. Los más flojos se quedan por allí, pero el grueso del grupo continúa la visita. Entramos en una serie de refectorios y en alguna pequeña capilla. Finalmente llegamos a la Karanlik Kilise, conocida como Iglesia Oscura, que formaba parte de un complejo monástico. Su nártex se hundió. Adquirimos la entrada para 31 personas a 8 TL. Se accede al interior por una estrecha escalera. Es, con diferencia, la mejor conservada de las iglesias que hemos visto en Göreme. Las pinturas, muy restauradas, desarrollan un ciclo completo de la vida de Cristo. Antes de su reapertura, la iglesia sirvió mucho tiempo de palomar, por lo que los restauradores tuvieron que afanarse para rascar de las paredes los excrementos de estas aves. Hay una iluminación tenue sabiamente dispuesta que acentúa el carácter intimista de esta construcción del siglo XI, que produce en el visitante una honda impresión de recogimiento y espiritualidad.


    Salimos a la cegadora luz del exterior. Subimos por una empinada escalera metálica a la Çarikili Kilise, excavada en la misma roca que la Iglesia Oscura y con interesantes frescos también. Se la conoce también como Iglesia de las Sandalias, por las dos huellas de pies que aparecen en el fresco de la Ascensión que hay en la entrada.


    Queda mucho por ver, pero no disponemos de más tiempo. Estamos tratando de ver en un solo día lo que bien requeriría tres. Casi corriendo regresamos en dirección al aparcamiento. Pero antes de llegar a él, ya fuera del recinto del Museo al aire libre, encontramos a un lado de la carretera la Tokali Kilise o Iglesia de la Hebilla, la más grande de todas las de Göreme, con espectaculares frescos bizantinos del siglo X. No podemos permanecer más que unos minutos. Ni siquiera bajamos a la cripta.

    Ya cerca del bus encontramos a un simpático artesano heladero que bromea con los turistas, ofreciéndoles un helado con cucurucho en la punta de un lanzón, que mueve cuando van a cogerlo. José Antonio debe soportar la broma del heladero que, finalmente le regala el cucurucho.


    Subimos al bus y nos dirigimos a Pasabag, valle de los monjes, en las proximidades de Zelve, donde se admiran las más espectaculares Chimeneas de las Hadas. El guía nos da media hora y se quita de en medio. Nos hacemos algunas fotos de grupo y nos disponemos a hacer una visita rápida.

     Las chimeneas son formaciones rocosas de formas caprichosas aunque más o menos cónicas. En estas se aprecia perfectamente la distinta naturaleza de las rocas que la componen. El casquete de basalto, mucho más duro, preserva la base, más ancha, alta y blanda, apropiada para ser excavada. Hay algunos camellos de los que se utilizan para pasear a los turistas.

    Un cartelito nos avisa de la existencia de una iglesia, la de San Basilio. Hasta allí nos dirigimos. Se trata de una pequeña capilla a la que hay que trepar por una precaria escalera de madera. Hay restos muy deteriorados de pinturas en las paredes. Un grupo se dirige a una colina cercana para tener una visión panorámica de las chimeneas. El paisaje que se divisa es extraordinario. A Roberto se le rompe el pantalón con el consiguiente cachondeo.


    Volvemos al bus. Regresamos al hotel de Nevsehir. Ha sido un día muy bien aprovechado, pero somos conscientes de que son muchos los tesoros de esta tierra que nos quedan por ver. Desde las 18:15 a las 20:30, hora de la cena, damos tiempo libre para descansar. Llamamos a la agencia de viajes y convenimos en que, al utilizar un solo autobús, tendrán que devolvernos el suplemento de 20 € que habíamos pagado para llevar dos.


   
Aunque la dirección del hotel nos había ofrecido la posibilidad de utilizar una especie de discoteca que tiene en el sótano, finalmente nos citamos en la sala de televisión. Allí algunos juegan al billar y otros siguen el aburrido partido de fútbol entre España y Honduras, que ganamos por dos a cero.













Presentación   |   Capadocia  |  Konya - Pamukkale  |  Éfeso - Bursa  |  Estambul Madrid