página principal IES "ALONSO CANO", DÚRCAL VIAJE DE ESTUDIOS 2010





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Día 23 de junio (contin.): Éfeso y Kusadasi


    Dos horas después, a las 13:35 h paramos en un bar de carretera, el Meandros (en honor del cercano río que dio nombre a esas sinuosidades de los cursos fluviales), repleto de delicias turcas y otros productos para turistas. Roberto se hace fotos con el conductor, que guarda un extraordinario parecido con uno de los profesores del Alonso Cano.

    Cuando a las 15 h llegamos al restaurante Ipekyolu, en las afueras de Éfeso, ha dejado de llover. Nos han preparado un buen bufé. Estamos solos en el restaurante, que es amplio y preparado para grupos.


    A las 16 h en punto estamos en la puerta de entrada del recinto arqueológico de Éfeso. Como estamos gafados con el tiempo, es bajar del autobús y empezar a llover. Al menos tenemos la posibilidad de comprar unos paraguas infames en los puestos de la entrada. Es una lástima tener que visitar en estas condiciones una joya como la antigua Éfeso.


    La ciudad de Éfeso habría sido fundada por las amazonas, según la leyenda, o por colonos de Atenas, que es lo más probable. Fue uno de los centros más importantes del Mediterráneo. Permaneció bajo el dominio persa hasta que la conquistó Alejandro Magno. Famoso sobremanera y destino de miles de peregrinos era el Artemision, el templo dedicado a Ártemis (Diana), considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo.


    En 129 a.C. fue tomada por los romanos, que la convirtieron en capital de la provincia de Asia. En esta época se construyeron grandes monumentos y se alcanzó una población de 200.000 habitantes. En época imperial fue también favorecida por los gobernantes y unió a su pujanza económica el fermento intelectual de una importante escuela filosófica. La muerte en Éfeso del evangelista Juan convirtió a la ciudad en uno de los centros del cristianismo.


    El recinto arqueológico tiene dos entradas, una principal, cercana al estadio, y otra secundaria, en la carretera de Selçuk a Meryemana (casa de la Virgen María, que según cierta tradición vino con San Juan a Éfeso y aquí murió). Entramos por esta última. Resguardados bajos los paraguas nos damos cuenta de que esta no va a ser una visita fácil. No llueve fuerte, pero sí lo suficiente para estropear el recorrido.

    Una vez pasados los tornos de la entrada, dejando a nuestra izquierda la vasta superficie que corresponde al ágora superior, centro administrativo de la ciudad, nos conduce el guía hasta el Bouleuterion, sede del consejo local. Se conoce también como el odeón. Es un hemiciclo que tenía capacidad para 1400 personas. Además de alojar las reuniones del consejo se utilizó también para conciertos. Estaba cubierto por una techumbre de madera.

    Junto al bouleuterion, también en la falda del monte Pion, están los restos del Pritaneo, edificio donde comían los magistrados o prítanes, se mantenía el fuego sagrado de Hestia, y se recibía a embajadores, huéspedes o benefactores de la ciudad. Aquí fueron encontradas dos estatuas de Ártemis que veremos en el museo.

    La calle de los Curetes desciende desde el Pritaneo hasta la Biblioteca de Celso. En su primer tramo no conserva la pavimentación. Un poco después se han utilizado placas irregulares de mármol. A la izquierda tenemos el muro de contención de una terraza, formado por grandes bloques de piedra. A la derecha se alzan columnas. Dos estelas con relieves de Hermes se encuentran poco antes del cruce con la plaza de Domiciano.  A la derecha se puede ver el monumento a Memio, de cuatro frentes, con estatuas bien conservadas. En el cruce llama la atención un relieve de Nike volando, con una corona en una mano y una palma en la otra. A la izquierda, al fondo de la placeta están los restos del templo de Domiciano.


    A partir de aquí la calle de los Curetes se hace más suntuosa. Atravesamos el portal de Heracles, una estructura de dos pisos de la que sobreviven dos pilares cuadrados con relieves de Hércules sosteniendo la piel del león de Nemea. Más abajo, a la derecha, encontramos la fuente de Trajano, parcialmente reconstruida. Algunas de sus estatuas, como la de Afrodita, se encuentran en el museo.


     Algo más abajo está el templo de Adriano, elegantísima construcción del siglo II d.C. El pórtico descansa sobre dos pilares cuadrados exteriores y dos esbeltas columnas en el centro, con un entablamento que continúa en el arco central. El friso interior de la pronaos es copia del que se conserva en el museo. Detrás del templo de Adriano están las termas de Escolástica, baños del siglo I d. C. ampliados en el IV por esta rica dama, de la que se conserva una estatua sobre pedestal. El guía no considera necesario pasar a ver con más detenimiento las termas.


    A la izquierda, protegidas por una gran estructura de tubos y chapa, se encuentra las casas de la ladera, que tampoco visitaremos. Se trata de los restos de viviendas de gente acaudalada, habitadas desde el siglo I a.C al VII d.C., con frescos en las paredes y mosaicos en el pavimento. Disponían de agua caliente y calefacción, recibiendo la luz de un patio central. Algunos de los frescos se han trasladado al museo. Sí le parece, en cambio, interesante al guía enseñarnos las letrinas, situadas casi en el cruce con la Vía Marmórea, justo al lado del porneion, o casa de placer. Algunos alumnos no pueden resistir la tentación de posar en cuclillas en las letrinas.







    Nos situamos ya en el cruce entre calle de los Curetes y calle de Mármol. Este es el lugar emblemático de Éfeso. Ante nosotros se alza la fachada de la biblioteca de Celso, construida en el siglo II d.C. en honor de Julio Celso Polemeno, gobernador de la provincia de Asia.  Arqueólogos austríacos reconstruyeron  la fachada y la contigua puerta de Mazeo y Mitrídates. Las estatuas que adornan los nichos son copias de las originales, que se encuentran en el Kunsthistoriches Museum de Viena. La sala de la biblioteca, totalmente cubierta de mármol, podía alojar hasta 12.000 pergaminos.


    El cielo plomizo y la fina lluvia no contribuyen al disfrute de esta vista. Ni siquiera penetramos en la sala, contentándonos con hacernos unas fotos. Pegada a la biblioteca, a su derecha, está la monumental puerta de Mazeo y Mitrídates, que da entrada al ágora inferior, centro comercial de la ciudad, constituido por un espacio central cuadrado de más de cien metros que estaba rodeado de pórticos en los que se abrían tiendas de todo tipo.


    Continuamos por la Vía Marmórea, así llamada por las grandes losas de mármol de su pavimento. El guía llama nuestra atención sobre una losa con el relieve de un pie, un corazón y un rostro femenino, indicadores de un prostíbulo contiguo. Entramos en el impresionante teatro, cuyo graderío aprovecha la pendiente del monte Pion. Fue construido en los siglos I y II d.C. Tiene una capacidad de 25.000 espectadores. Subo con Iván hasta lo más alto de la cávea, desde donde se obtiene una amplia panorámica con la vía Arcadiana (o calle del puerto), que lleva hasta el antiguo fondeadero. Por esta hermosa calle, flanqueada de pórticos, con puertas y fuentes monumentales, entraban triunfalmente los personajes importantes que desembarcaban en el puerto. A su derecha se encuentran los restos del atrio de Verulano, inmensa instalación deportiva que incluía varias pistas de entrenamiento. Bordeando este atrio nos acercamos al final de nuestra visita, la entrada principal al recinto, llena de tiendas y cafeterías.

    Continúa lloviendo. Resguardados bajo los toldos esperamos durante 15 minutos la llegada del autobús. Es subir en él y deja de llover. Antes de salir a la carretera de Seçuk a Kusadasi pueden verse a la derecha los restos del estadio y del gimnasio de Vedio. El bus enfila hacia Kusadasi. Hacemos notar al guía que tenemos incluida la visita al museo de Selçuk. Sedat consulta sus papeles y nos dice que no aparece dicha visita. No obstante, me muestro dispuesto a pagar la entrada del fondo común para posteriormente reclamar a la agencia. Damos la vuelta y llegamos a Selçuk. Cuando voy a pagar las entradas me dice el guía que ha consultado con sus jefes y que desde España se hacen cargo del gasto.





    El museo de Selçuk es pequeño pero las piezas están expuestas con gusto. Los fondos proceden de las últimas excavaciones de Éfeso, pues otras muchas piezas se encuentran en Viena o en el museo de Esmirna. Se organiza en seis salas y un patio. En la primera sala vemos un busto de Marco Aurelio, otro de Sócrates, una estatua de Diana cazadora y frescos procedentes de las casas de la ladera: uno de ellos representa a Sócrates. En una urna se exhibe un Príapo de bronce, muy fotografiado, que se encontró junto a la vía de los Curetes.


    En la sala siguiente encontramos estatuas que decoraban el ninfeo de Polio, un grupo que representa el episodio de Ulises en la cueva de Polifemo y esculturas procedentes de las fuentes de Trajano y de Lecanio Baso. Destacan las que representan la figura antropomórfica de una deidad fluvial (confundida con un guerrero caído), una cabeza de Lisímaco, otra de un general, un Dioniso, etc. Hay también figuras en bronce: Afrodita y Eros, Eros y Psique.  La pieza más interesante es una bellísima cabeza de Eros, copia de un original de Lisipo. En la sala tercera hay máscaras teatrales, lámparas de aceite, y una bella estatua de Afrodita.


    Sigue un patio con numerosos sarcófagos y estelas funerarias. Se pasa a una pequeña sala con objetos de cristal y estatuillas hallados en tumbas. La siguiente sala está dedicada al Artemision, del que se expone una maqueta. Las piezas más importantes son dos estatuas de Ártemis polymastos (de muchos pechos), encontradas en el Pritaneo de Éfeso. La última sala exhibe el friso original del templo de Adriano, el friso del altar del templo de Domiciano y cabezas colosales de emperadores romanos, como la de Domiciano.


    A las 18:15 damos por concluida la visita al museo y subimos al bus. Pasamos, sin percatarnos y sin aviso del guía, junto al solar que ocupó el Artemision, uno de los templos más famosos y fastuosos jamás construidos. Una primera edificación del 650 a.C. fue destruida por los cimerios. Poco después se levantó otro más grande, sucesivamente ampliado hasta que en tiempos de Creso contaba con 127 enormes columnas, muchas de ellas esculpidas. Un loco llamado Eróstrato lo incendió la noche del nacimiento de Alejandro Magno. Nuevamente reconstruido y embellecido por Praxiteles y Escopas, fue saqueado por Nerón y destruido por los godos en el 263 d.C. Al fin, el cristianismo triunfante y el edicto de Teodosio en el siglo IV que prohibía el culto a los dioses paganos llevaron a la ruina la última reconstrucción.

    Y el templo de Ártemis, una de las siete maravillas del mundo antiguo, sufrió el mismo destino que otras grandes construcciones: sirvió de cantera de donde extraer materiales para otros edificios. Actualmente tan sólo una columna puesta en pie por los arqueólogos da testimonio de aquella magnificencia.









   

    Enseguida llegamos a Kusadasi y después de preguntar a algunas personas encontramos nuestro hotel, el Hotel Marina (del grupo Pina Bay), que tiene excelentes vistas a un puerto deportivo. No nos dejan utilizar la piscina porque a su alrededor están preparadas algunas mesas para clientes que cenan en el exterior. Nosotros lo hacemos a las 20:30 en el comedor.

    Acompañado por Roberto y José Antonio, un numeroso grupo de alumnos da un paseo nocturno por la playa.






Día 24 de junio, jueves. Kusadasi-Bursa-Estambul:


    Hoy nos espera un largo viaje en bus. Nos despiertan a las 5:30. A las 6:00 cargamos las maletas y entramos a desayunar. A las 7:00 nos ponemos en marcha. Hacemos varias paradas de descanso a las 9:30 y las 11:30, que aprovechan algunos para abastecerse de delicias turcas y chucherías.

    Circunvalamos Esmirna (Ismir en turco), ciudad de tres millones de habitantes. Tan sólo alcanzamos a ver las casas que escalan las colinas que rodean la bahía.  Matamos el tiempo fotografiando a los que duermen. Poco después de las 13 h entramos en Bursa. El cielo está encapotado pero no amenaza lluvia. Nos sorprende el tráfico de la ciudad y la mezcla de arquitectura tradicional y moderna. Colinas llenas de verdor dan un encanto especial a esta primera capital del imperio otomano, cuyas calles hierven de actividad. Tiendas de todo tipo, muchas de ellas imposibles ya de ver en España, atraen nuestra atención.


    El bus nos deja muy cerca de la Mezquita Verde. Entramos en el precioso restaurante Hünkar. Desde el comedor del primer piso hay una estupenda panorámica de parte de la ciudad. Nos sirven sopa, ensalada, kebap y postre. A la salida, las chicas se preparan para la visita a la mezquita y se fotografían con la cabeza cubierta por los pañuelos.


    Todos nos descalzamos y las alumnas cubren su cabeza para entrar en la Yesil Camii, o Mezquita Verde, el monumento emblemático de Bursa. Fue construida entre 1412 y 1419, como advierte una placa junto a la entrada, por el sultán Mohamed I Çelebi y se convierte en modelo de la arquitectura religiosa turca. Resultó muy dañada por un terremoto y fue restaurada en el último tercio del siglo XIX. El exterior es de mármol blanco grisáceo.

     La imponente puerta de entrada da paso a un vestíbulo decorado con azulejos. De ahí se pasa a la sala principal, flanqueada por dos galerías laterales. La de la izquierda está destinada a la oración de las mujeres. La de la derecha está tapada por una lona que anuncia trabajos de restauración. Sobre la puerta del vestíbulo está la galería imperial. En el centro hay una fuente y sobre ella un lampadario que cuelga de la cúpula. La sala de plegarias está ligeramente elevada. Al fondo se destaca el mihrab, flanqueado por dos ventanas. Fantásticos azulejos de color azul verdoso decoran las paredes y dan nombre a la mezquita. Hay también rosetones y guirnaldas. Sobre puertas y ventanas podemos ver también adornos caligráficos. La mezquita se mantiene en una relativa penumbra y, como no tenemos acceso a la sala de plegarias, no podemos apreciar con todo detalle la decoración del mihrab. Hacemos fotos a algunos grupos de alumnas.









    A la salida tenemos ocasión de admirar la delicada ornamentación de las ventanas. A muy pocos metros de la mezquita, subiendo una escalinata, encontramos el Yesil Turbe o "mausoleo verde", una estilizada construcción octogonal que alberga los restos de Mohamed I y de tres de sus hijos. La sala está coronada con una cúpula que descansa sobre pechinas en abanico. Los azulejos del interior fueron sustituidos en gran parte por otros nuevos tras la restauración del siglo XIX que siguió al terremoto de 1855. Rodeamos los catafalcos y nos detenemos ante la espléndida decoración de mosaicos del mihrab. Las puertas de madera están bellamente talladas.




    Nos dirigimos al punto en que nos ha de recoger el bus para trasladarnos a nuestra siguiente visita: la Ulu Camii. Esta gran mezquita fue construida entre 1379 y 1421 y llama la atención por las 20 cúpulas que cubren otros tantos sectores en los que se divide la gran sala de plegarias. Los blancos muros están decorados con adornos pintados que resaltan los elementos arquitectónicos. El mihrab del muro de quibla sí está profusamente decorado con mosaicos de reflejo dorado. En el centro de la sala hay una gran fuente.






    Junto a la mezquita se encuentra el bazar, un gran mercado cubierto que ofrece un aspecto multicolor. No tenemos tiempo de recorrer sus calles, sino que vamos al encuentro del autobús para recorrer la hora y media de trayecto que nos separa del embarcadero donde tomaremos el ferry con el que cruzaremos el mar de Mármara, evitando así el rodeo que habría que dar para llegar a Estambul directamente por carretera. No tenemos que esperar mucho.

     El bus entra en la bodega del ferry y nosotros subimos a la cubierta. Sopla una fuerte pero agradable brisa y el cielo sigue cubierto. La travesía dura 40 minutos y nos deja a unos 40 Km de Estambul. A las 19:00 ya hemos desembarcado y nos acercamos con tráfico denso a la capital. Antes de llegar al gran puente encontramos una gran retención. Con mucha lentitud conseguimos llegar y cruzar el puente que une Asia con Europa. Luego, a mejor marcha atravesamos el Cuerno de Oro y llegamos por fin a las 21 h al Hotel Orient Mintur.

    Nos despedimos de nuestro guía Sedat. Repartimos las habitaciones y citamos a los alumnos para una hora más tarde. A las 22:15 llega al hotel Manuel Viceira, antiguo alumno del IES Alonso Cano y que trabaja actualmente como gestor cultural del Instituto Cervantes en Estambul, dirigido también por un durqueño de adopción, Antonio Gil de Carrasco. Ambos, perfectos conocedores de la ciudad, se han ofrecido amablemente para enseñar Estambul a sus paisanos. Gracias a ellos aprovecharemos al máximo nuestra corta estancia.

    Nos dirigimos a la cercana y bulliciosa calle Mustafá Kemal, repleta de establecimientos para cenar. Como somos muchos, nos repartimos entre algunas terrazas. A las 11:45 estamos de vuelta en el hotel. Los profesores volvemos a salir con Manuel Viceira para tomar un té. Cuando a las 2 h regresamos al hotel, nos dan en recepción las primeras quejas por el ruido que están ocasionando los alumnos.





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